Antonio Catalfamo, La rivolta dei demoni ballerini

catalfamo la rivoltaAntonio Catalfamo, La rivolta dei demoni ballerini, Edizioni Pendragon, Bologna, 2021, pp. 126, ISBN: 978-88-3364-372-4

La rivolta dei demoni ballerini de Antonio Catalfamo está compuesto por alrededor de unos cincuenta poemas que, en su conjunto, esbozan el mapa de los lugares en los que se detiene la mirada del poeta y se abre a la palabra para dar cuenta de un universo literario propio y pleno de inquietudes ideológicas y existenciales. Uno podría abordar la lectura de este poemario intentando hablar del conjunto, de cómo están dispuestos los poemas en el libro, de cuáles son los tópicos, sus recurrencias formales y de contenido. Entonces, seguramente se irían conformando ciertas constelaciones, algunos acercamientos, tentativas sobre el universo poético del escritor. Así, por ejemplo, recorriendo los títulos de cada poema, observaríamos que Catalfamo busca hablarnos de un mundo en el que los compañeros de ruta se siguen encontrando en este camino de la vida que, en un dificilísimo primer cuarto de siglo XXI, se plantea a la humanidad. Sí, pese a todo, aún hoy, en esta tierra plagada de virus, injusticias, aislamientos y soledades hay voces, como la de este poeta italiano, que no han perdido la fe en lo colectivo. Sin duda, los enemigos también subsisten y siguen alertas y se nos cruzan y nos provocan daño. ¿Son estos los demonios danzantes a los que se refiere el título del libro? No, no parecen serlo en absoluto. Esos demonios corresponden más bien a aquellos que luchan y resisten, a aquellos que advierten y sobreviven como una fuerza necesaria, primigenia e inextinguible que no ceja en el intento de reducir la desigualdad en el mundo. Hay un “nosotros” que permanece, dispuesto a jugar las cartas de un nuevo y futuro tiempo para la humanidad. La poesía le permite a Catalfamo, como él mismo nos recuerda, contar la vida de los humildes y, de este modo, nos guía a través de sus poemas por un sendero en el que se denuncia que la muerte persigue a los compañeros (“Il compagno e il morto”), que la justicia duerme tranquila en pijama en los palacios del poder (“Giustizia”) y que los fascistas siempre retornan (“Cassinera”) para intentar dejar, como lo hacen los mismos dioses, en el más terrible de todos los olvidos a los humildes (“A un compagno morto”). Pero, en el eterno carnaval de la historia en el que todo cambia para que nada cambie (“Il comunismo e mio padre”), el mito es una fuerza y una transgresión que abre el paso a la pavesiana necesidad de poner claridad allí donde reina lo irracional y lo oscuro. Revolución y mito caminan juntos, porque uno y otro explotan desde lo más profundo de la tierra y de lo humano.

Los poemas de Catalfamo nos reenvían a la literatura, de un modo directo a través de la mención de nombres como Mallarmé, Rodari, Saba, Pavese; de un modo indirecto, a través de frases de otros escritores entretejidas en su propia lectura, como Natalia Ginzburg (“nuestro léxico familiar”) o Jean-Paul Sartre (resuena “el existencialismo es un humanismo” en el “el humanismo es un comunismo” que pregona este poeta nacido en Barcellona Pozzo di Gotto). Nombres que se entretejen en la voz del poeta y configuran su personal visión de las cosas. Hecho de literatura, pero especialmente de esa literatura que nos habla y nos dice definitivamente algo importante para nosotros, el mundo poético de Catalfamo se construye con el fin supremo de dar poesía a los hombres, de decir una palabra verdadera de un ser humano a otro, en la persecución de un irrenunciable retorno al hombre al que tan perentoriamente apuntó el autor de La luna e i falò. El “nosotros” no solo apela a los compañeros, sino también a su padre y a él mismo, comunistas “necesarios” en estos tiempos de incertidumbres que plasman su mensaje usando una máquina de escribir en el pasado, una Olivetti 22, o las posibilidades de la red en el presente. A través de la palabra que comunica, esos demonios danzantes eternos convocan a las verdades que deben ser dichas sin claudicar, porque el oficio de vivir y de escribir no admite distorsiones, juegos espurios, barroquismos innecesarios. Las guerras son guerras, la explotación es explotación, y un hombre, cuando vuelve de la guerra es más real que un héroe, es alguien despojado de todo: “Mio nonno tornó dalla guerra/ senza camicia:/ dovette darla in pagamento/ al barcaiolo/ per farsi traghettare. / Mia nonna lo immerse/ in una bagnarola/ d’acquabollente/ per liberarlo dai pidocchi./ Tutto ricominciò da zero (“La mia poesia”).

El universo poético de Antonio Catalfamo no elude nunca las experiencias vividas, las que tienen como centro a la historia de Italia y unida a esta, la de la saga casi mítica de sus antepasados familiares. Una especial evocación está reservada al amor y las mujeres. Las figuras femeninas guardan una relación profunda con las fuerzas arcanas de la tierra. Así, la protección y la solidaridad natural emanan de la figura de la madre hecha recuerdo y, si hay un poema en el que la memoria y la visión del mundo del poeta se entrelazan, es en ese extenso y bello poema que es “A mia madre”. Decía al principio de este escrito que un libro de poesías puede ser abordado como conjunto. Pero también es posible comenzar por un poema, uno a partir del cual el sendero de los caminos cruzados que es toda lectura vuelve un poco más visible, aunque siempre sea de un modo provisorio, los itinerarios que se pueden seguir o los recorridos posibles de trazar desde los diferentes puntos de partida que cada uno de esos versos supone. En este poema, el poeta recupera algunos “momentos de vida” (como le gustaba llamar a Virginia Woolf a esa especie de instantes reveladores, casi epifánicos, elegidos entre las experiencias de la propia existencia), momentos compartidos como puede ser el recuerdo de un día, cuando el pequeño Antonio iba a la escuela de la mano de su madre, centro de la bondad y la previsión protectora. Los instantes se suceden a través de algunas imágenes evocadas: la madre es la que lo alimenta con un maduro durazno y lo protege de la lluvia torrencial; es la que comparte con él las largas tardes de invierno que parecen no pasar nunca, mientras mira a través de la ventana con sus vidrios empañados y lo sostiene y espera que pase el pastor con las ovejas; es la presencia implícita que acompaña a su marido cuando recibe en su casa a los obreros que buscan trabajo, ese padre que hace planes colectivos ambiciosos en un país egoísta que no entiende de cooperación entre agricultores; es la que enseña a dibujar el sol y la luna con rostro a sus hijos y la que resiste a los fascistas en la casa de las rosas, una imagen fundante de la voz poética que se identifica con un modo de ser y de entender el mundo en la lucha y la resistencia. Se advierte en los versos más autobiográficos de Catalfamo una delicadeza construida a través de un lenguaje simple, cristalino, universal, que apela a mínimos detalles para recuperar un tiempo ya ido para siempre junto con las figuras amadas, hecho ahora recuerdo, imagen, poesía.

 

Hebe Castaño

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