Publicado en Reseñas

La Turín de F. Pajak

Domingo, 27 Noviembre 2016 11:11

3pajakFrédéric Pajak, La inmensa soledad. Con Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese, huérfanos bajo del cielo de Turín, trad. Javier de Prado Biezma, Errata Naturae, 2015, pp. 320, ISBN: 978-84-15217-87-9

Si la satisfacción que aporta un libro se mide en función de las puertas que nos va abriendo según avanza la lectura, de los puntos de fuga que nos encontramos a cada paso y de las sugerencias y conexiones inesperadas que plantea cada página, entonces se puede decir sin titubear que el peculiar “ensayo-cómic-novela gráfica” de Frédéric Pajak es un título más que recomendable.

¿A qué viene en todo caso eso de “ensayo-cómic-novela gráfica”? Pues al simple hecho de que Frédéric Pajak, editor desde hace dos décadas de Les Cahiers Dessinés –donde ha dado a luz desde volúmenes de Roland Topor, hasta dibujantes satíricos como Gébé, pasando por autores más recientes como Noyau– ha realizado en La inmensa soledad un ejercicio de extrema originalidad que ha tenido como resultado la publicación de un libro difícilmente definible. El mismo autor lo reconocía hace unos meses en una entrevista para El País: “Creo que no existe equivalente a lo que hago. No es cómic, ni novela gráfica, ni tampoco autoficción. Tampoco me convence llamarlo ‘ensayo gráfico’. Prefiero decir que es ‘un relato escrito y dibujado’”.

Cualquier intento de decir qué es, en efecto, puede llevar a la confusión; quedémonos al menos con eso de “relato escrito y dibujado”, pues a fin de cuentas de lo que se trata es de la yuxtaposición de un dibujo central a base de tinta negra junto al que se alternan textos en prosa que glosan distintos retratos, vivencias, lugares y momentos de las vidas, obras y, sobre todo, las trágicas experiencias turinesas de los escritores Friedrich Nietzsche y Cesare Pavese.

A veces como complemento, otras como aclaración, otras como contrapunto, estos comentarios a los dibujos (bien propios, bien a partir de fragmentos de textos de ambos autores) se nos presentan siempre sinuosas, deambulando entre las biografías del filósofo alemán y del narrador piamontés, pero también como excusa para recorrer la historia de la enigmática ciudad de Turín, de su constitución y su idiosincrasia, al tiempo que se entremezcla en todo ello la propia experiencia de Pajak en la capital de Piamonte, a la que el dibujante francés fue premeditadamente en una suerte de viaje iniciático e introspección.

En el fondo, sin agotar con ello las posibles lecturas, la obra de Pajak no deja de ser el montaje simultáneo de una triple biografía (de Nietzsche, de Pavese y del propio autor) escrita a modo de ensayo y partiendo de dos complejas personalidades cuyo trágico y enigmático fin, todavía hoy en día motivo de curiosidad y de estudio, se haya íntimamente ligado a su paso por la ciudad.

De este modo, Pajak acaba por hacer de Turín el centro rector de la narración y haciendo que ocupe finalmente un lugar preeminente en el libro. La ciudad, de hecho, se va filtrando1pajak poco a poco en la narración en sencillos pero expresivos dibujo en blanco y negro; vistas panorámicas, fachadas señoriales, pórticos nocturnos, paseos junto al Po e imposibles vistas a vuelo de pájaro se van paulatinamente alternando hasta desembocar en una particular y personal guía visual en la que de tanto en tanto se reconocen algunos de sus rincones más célebres.

Las coincidencias vitales de dos escritores tan distantes literaria y emocionalmente (“uno bajo la inquietante máscara de un Dionisos excesivo, el otro bajo los rasgos cerrados de un introspectivo, convencido de su destino de suicida”, nos dice Pajak en el prólogo) son suficientes para dotar de coherencia un texto que aparentemente podría plantear una relación que no va más allá de la elección de Turín como lugar de revelación y expiación; como es sabido, si Turín fue el escenario en el que un 3 de enero de 1889 Nietzsche acabó tirado en el suelo abrazando a un caballo apaleado, dando así muestras de su incipiente caída en el abismo de la locura, la ciudad fue también el lugar elegido por Pavese para quitarse la vida poco más de sesenta años después, el 27 de agosto de 1950.

En efecto, la temprana pérdida de la figura paterna por parte de ambos autores, la común infancia vivida en un ambiente femenino y, en último lugar, la enajenación en un caso y el suicidio en otro apenas pasado el umbral de los cuarenta años, quizás bastan para trazar un paralelismo capaz de sostener la narración. Sabiendo que algunos de estos datos también son compartidos por el mismo Pajak, podemos incluso sospechar que la estancia en Turín del dibujante tuvo sin duda mucho de terapéutico.

Segunda ciudad del mundo con más adeptos a los cultos satánicos, Turín goza de una curiosa reputación como ciudad demoníaca que, por fortuna, poco tiene que ver con la vitalidad de sus calles, sus ilustres edificios, las magníficas vistas de los omnipresentes Alpes o los paseos interminables a lo largo del Po. Sin embargo, los dos luctuosos sucesos (la locura de Nietzsche y el suicidio de Pavese) se han quedado grabados a fuego en la memoria colectiva.

Sí que recuerda Turín, en todo caso, al filósofo alemán, para quien la capital piamontesa representó desde los primeros momentos de su estancia el ideal de ciudad barroca y aristocrática por la que deambular y en la que disfrutar de unos goces mundanos que le habían sido hasta entonces ajenos. Por sus calles se perdía mientras pensaba las frases de sus Ecce homo, El crepúsculo de los ídolos y El anticristo; “las aceras de esta ciudad son un Paraíso para mis pies. Solo los pensamientos que tenemos caminando valen algo. He aquí la ciudad que yo necesitaba en este momento”, escribía al poco tiempo de su llegada. De todo ello da testimonio una pequeña placa en la esquina del nº6 de la calle Alberto, donde vivió: “in questa casa Federico Nietzsche conobbe la pienezza dello spirito che tenta l'ignoto, la volontà di dominio che suscita l'eroe”. Desde esa esquina, junto a la misma plaza Carlo Alberto y frente al Palazzo Carignano, tuvo la famosa crisis que lo alejó paulatinamente de la cordura llorando por el caballo apaleado (tal vez, como presuponía Milan Kundera, susurrándole disculpas al caballo por Descartes).

2pajakPor el contrario, no hay nada que recordar en el caso de Pavese. El escritor, nacido en la cercana Santo Stefano Belbo, eligió tan solo una solitaria habitación del Hotel Roma para acabar con su vida. Para él la ciudad no tenía nada de glorioso, era más bien no una villa triste a la que los campesinos como él se desplazaban para encontrar trabajo en la fábrica de la Fiat.

Con todo, la curiosa mezcla de elementos que Pajak sabe aunar en este difícilmente catalogable libro no deja de ser una invitación a la lectura de dos autores centrales de la cultura europea. Bucear por sus páginas, adentrarse por los meandros de dos vidas y dos personalidades tan complejas, perderse por las calles de la que fue la primera y orgullosa capital de la recién nacida Italia, vale sin duda la pena.

Juan Pérez Andrés

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