Publicado en Reseñas

Cumbres irresistibles

Domingo, 16 Septiembre 2018 06:46

Buzzati Los indómitos de la montañaDino Buzzati, Los indómitos de la montaña, Madrid, Gallo Nero, 2016, 328 pp. ISBN: 978-84-1652923-0

La montaña –su belleza, sus historias, sus misterios– está muy presentes en la obra de Dino Buzzati (San Pellegrino di Belluno, 1906 – Milán, 1972), a partir de sus primeras obras, como Bàrnabo delle montagne, o Il segreto del bosco vecchio. Este volumen, Los indómitos de la montaña, publicado por la valiosa editorial madrileña Gallo Nero, propone una rica selección de textos extraídos de la antología en dos volúmenes I fuorilegge della montagna, editada por Lorenzo Viganò para la editorial Mondadori en 2010. Se trata sobre todo de artículos periodísticos, pero también de páginas de diario, cuentos y escritos de ocasión que abarcan desde los años 30 hasta principios de los 70.

Este libro nos cuenta, antes de nada, una larga historia de amor: entre Buzzati y las montañas de su vida, los Dolomitas, a los pies de las cuales había nacido y que frecuentaría a lo largo de toda su vida. En el prólogo, un texto de 1963, el autor evoca la memoria del primer encuentro con la montaña, cuando apenas tiene quince años, pero intuye ya, con dolor, que nunca llegará a medirse con las cumbres él solo. Es esta la naturaleza de la relación: atracción irresistible y conciencia de los límites de uno mismo. De ahí la gran admiración por las hazañas de los escaladores que han marcado la historia del alpinismo italiano y mundial.

Creo que fue Moravia quien dijo que la mar es mucho más interesante que la montaña, porque se mueve constantemente, mientras que los montes se quedan inmuebles. Buzzati parece darle la vuelta a esta subestimación de la montaña, reconociendo justamente en la combinación de inmovilidad y escarpadura el motivo de su atracción tan irresistible y peculiar. Porque el hombre anhela inconscientemente a la quietud, una quietud que, en el caso de la montaña, “lleva implícito el nombre de la muerte”. De ahí el sentimiento de tristeza que va estrechamente ligado a ella, y el hecho de que muchas personas no la soporten y huyan de ellas como se huye de la idea de muerte. El alpinismo es, en última instancia, la respuesta a esta “tentación de muerte”: es por ello que, entre todos aquellos que aman la montaña, solo los escaladores muertos en ascensión han sabido realmente obedecerle.

El libro se compone de cuatro capítulos, cada uno de los cuales está dedicado a una temática o –es el caso del último– a una forma de narración: Hombres, Hazañas, K2, Cimas, Relatos.

Hombres, para empezar. Tita Piaz, Emilio Comici, Attilio Tissi, Piero Ghiglione, Andrea Oggioni son los héroes míticos del gran alpinismo italiano. Sus retratos se devuelven al lector en forma de entrañables necrologías, ya que muchos de ellos encontraron la muerte como la más clásica y socarrona broma del destino: sea en un accidente de bicicleta o de coche, sea por un cordel que se rompe absurdamente, a estos héroes de los Alpes se los llevó una trágica cáscara de plátano. Quedan sus nombres y la memoria de las empresas que llevaron a cabo.

Algunos de estos nombres volverán en el relato de las Hazañas: Comici abre la vía de subida por la cara norte de la Cima Grande de Lavaredo, en 1933. Se trata de una de las grandes conquistas de esta época de oro del sexto grado, en aquel entonces “el límite máximo de lo posible”: muchas otras seguirán en aquellos años. La altura y el nombre de las cumbres se harán cada vez más llamativos: el mítico Cervino, que los italianos perdieron –quizá– por un trago de grappa, hasta la cima más alta del mundo, el Everest, cuyos 8.848 metros se alcanzaron por primera vez en 1953. ¿Tenemos que estar contentos de ello?, se pregunta Buzzati. “Era el último reducto de nuestra fantasía, la roca sobreviviente de lo desconocido, el fragmento residual de lo imposible que conservaba la Tierra”, pero, después de la hazaña de Hillary, “la poesía se ha marchado también de allí”. ¿Dónde iremos a buscarla? Es este uno de los motivos recurrentes del libro: la montaña como lugar de ilusiones y esperanzas, como símbolo de lo inalcanzable que finalmente sucumbe al anhelo de conquista del hombre, a su humillación –como si la coronación de un gigante de piedra por parte de minúsculos leminos proveídos de cuerdas pudiera significar algo para la majestuosa indiferencia de la naturaleza, si se nos permite un apunte “leopardiano”. Los artículos de Buzzati también se presentan como la crónica de una rápida desilusión: una tras otra, caen las cumbres que hasta poco tiempo antes parecían inaccesibles, en una carrera desenfrenada y ansiosa, donde el “avance psicológico”, es decir, la percepción de la ‘escalabilidad’ de las paredes y de su peligrosidad, es tan importante como el progreso técnico (clavos, cuerdas, mosquetones, estribos, etc.). De los Alpes, cuyas cimas más “imposibles” cayeron una tras otra en la época de oro de esta marcha implacable, entre los años 20 y 30, se pasa a los sietemiles y ochomiles del Himalaya, que en los años 50 “ofrece un campo de batalla sin límites, abierto a las aventuras más altivas”, hasta llegar a los “Cervinos” de los Andes, como el Buckland, escalado por los italianos Pirovano y Machetto en 1966. Sin embargo, la tragedia siempre está al acecho, como es el caso del despiadado Nanga Parbat o, volviendo a los Alpes, del Mont Blanc, en 1961, cuando el gran Walter Bonatti consiguió salir vivo y, como ocurre muchas veces en estas ocasiones, tuvo que soportar que lo miraran mal, “casi con decepción. Como si haber salido con vida fuese una especie de abuso por su parte”.

Un capítulo entero de la recopilación está dedicado a la hazaña quizá más gloriosa del alpinismo italiano, la conquista del K2 por parte de la expedición liderada por Ardito Desio y llevada a cabo en el verano de 1954. Buzzati nunca esconde su espíritu patriótico, y también en esta ocasión, en la víspera de un logro verdaderamente memorable, no puede no remarcar que el día que se plante una banderita italiana en una de las “cimas supremas” del Himalaya, “el gozo de los italianos debería ser cien veces mayor que el que nos procuraría una victoria en el Tour o en las Olimpiadas”. Y, a la hora del anuncio de la coronación, incluso los que han olvidado lo que era el amor a la patria han sentido “un pálpito, un contento desinteresado y puro”. No obstante, y acorde igualmente a una costumbre nacional sui generis (“la calunnia è un venticello...”), unos meses más tarde las polémicas no paran de arrojar una sombra sobre la “magnífica empresa”, en especial sobre Desio, víctima de una “tromba de acusaciones y maldades de toda índole”. Miserias insignificantes frente a esa bandera tricolor ondeando encima del mundo, pero ¡qué triste verlas asomar!

La sección Cimas acoge, quizá, los textos más poéticos y personales del libro. Los más elegiacos, también: el color indefinible de los Dolomitas y sus incomparables bellezas, entre realidad y sueño; el monte Schiara, la “montaña de mi vida”, a pesar de que sus laderas no son tan llamativas como las paredes más atrevidas de los Alpes o el Karakórum; la gran pérdida que ha supuesto para los Dolomitas la desaparición de los gnomos, el acontecimiento que es símbolo de la mortificaciones y tribulaciones de estas montañas, plagadas de vías de subida, hasta el último de los pináculos; la pared de la Civetta, “la muralla de roca más bella de los Alpes (lo sentimos por otras tantas montañas dignas de la máxima consideración, pero es así)” y su mítica vía Solleder-Lettenbauer; la Marmolada, montaña perfecta, y la Croda Rossa con sus memorias de la primera guerra; los sueños angustiosos provocados por otra guerra, en 1941, cuando las montañas con las que el autor soñaba todas las noches dejan paso a barcos militares; los rincones olvidados, casi prohibidos, de los Dolomitas, ignorados por los deportistas ya que, desprovistos de cualquier atractivo para los alpinistas (en una época en la que las paredes se han convertido en gimnasios), sería imposible presumir de ellas; la decadencia de los Alpes en la época de las grandes conquistas del Himalaya, que a su vez –prevé Buzzati– vivirá un ciclo similar, ya que los hombres siempre serán ávidos de nuevas cimas, de nuevos retos; la descripción de las montañas amadas, como las de la nativa Belluno y las Pale di San Martino, que al escritor anciano, sin embargo, ya no dicen nada, ya no lo invitan: ¿qué habrá pasado?, se pregunta. Tal vez es cosa suya, responde, quizá ya se ha apagado el amor...

El último capítulo contiene un puñado de relatos publicados entre los años 40 y 60, de tonalidad variada pero todos ligados al tema de la montaña; con alguna que otra incursión en lo fantástico, género del que Buzzati fue un auténtico maestro. Silencio, rocas, nieve, presencias mágicas e inquietantes, tiempos y espacios que se dilatan y se entrecruzan, una y otra vez la atracción de la muerte. La montaña es inmóvil, grandiosa, silente, y no para de llamarnos.

 

Paolino Nappi

Utilizamos cookies para facilitar el uso de nuestra página web. Las cookies son pequeños ficheros de texto que su navegador almacena en el disco duro de su ordenador y que son necesarias para utilizar nuestra página web. Las utilizamos para entender mejor la manera en la que se usa nuestra página web y de esta manera poder mejorar consecuentemente el proceso de navegación. Las cookies son el referente que nos indica, por ejemplo, si una página de nuestra web ha sido vista con anterioridad, o si su visita es nueva o recurrente. Las cookies que utilizamos no almacenan datos personal alguno, ni ningún tipo de información que pueda identificarle. En caso de no querer recibir cookies, por favor configure su navegador de Internet para que las borre del disco duro de su ordenador, las bloquee o le avise en caso de instalación de las mismas.