Publicado en Reseñas

Buscando el Big Bang

Domingo, 01 Marzo 2015 06:58

Balbi y Piccioni  CosmicomicAmedeo Balbi y Rossano Piccioni, Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang, trad. Julia Osuna Aguilar, Salamandra Graphics, Barcelona, pp. 152 ISBN:  978-84-16131-06-8

    Después de contar el nacimiento del cosmos en La musica del Big Bang (Springer, 2007), Amedeo Balbi, astrofísico en la Universidad Tor Vergata,  decidió enfrentarse a un reto no menos arriesgado: ¿es posible hacer un cómic sobre este tema? ¿Puede una novela gráfica adentrarse en tramas complejas puramente divulgativas sin dejarse algo por el camino?
     El resultado a estas preguntas es Cosmicómic. El descubrimiento del Big Bang, una interesante obra llevada a cabo por Balbi junto al dibujante Rossano Piccioni en la que ambos vuelven a bucear en la génesis de la teoría del origen del universo, uno de los campos más apasionantes de la ciencia del siglo XX y, no cabe duda, uno de los pilares básicos de la ciencia actual en constante desarrollo.
     Para ello el arranque no podía ser otro que 1964, cuando, mientras trabajaban en la ya célebre antena de Crawford Hill cerca de Holmdel Township (Nueva Jersey) construida por ellos mismos, los radioastrónomos Arno Penzias y Bob Wilson captaron repetidamente un ruido constante que no fueron capaces de justificar. Achacado en un principio a errores de cálculo o a fallos de las instalaciones, esa perturbación sonora, la conocida como “radiación de fondo”, acabó siendo más tarde, tras numerosas disputas, propuesta, retoques y refutaciones, la prueba final que llevaría a la aceptación de un Big Bang hace 13’57 mil millones de años como teoría explicativa del inicio del cosmos.
     “Lo que realmente quería contar, afirmaba recientemente Balbi en una entrevista, es cómo funciona la ciencia moderna: una sucesión de hipótesis, errores y confirmaciones. Einstein estaba convencido de que el Universo era estático, y por eso en 1927 había refutado al belga George Lemaître, quien, usando sus ecuaciones de la relatividad, había llegado a la conclusión de que el cosmos se estaba expandiendo a partir de un ‘átomo primitivo’. Si bien en 1931 Edwin Hubble le indicó a Einstein el extraño hecho de que todas las galaxias que él había medido parecían ‘huir’ de nosotros”.
     Todas estas cuestiones y muchas más, narradas cronológicamente en un inmenso flashback que nos lleva desde el Museo Nacional de Historia de Washington (donde en abril de 1920 el profesor Harlow Shapley explicó su cálculo de la dimensión de la Vía Láctea a partir de la luminosidad estelar), hasta la concesión del Premio Nobel en 1978 a Wilson y a Penzias, narrador excepcional a lo largo de todo el cómic, desfilan por sus páginas sin que los datos y las teorías acaben por abrumar al lector.
     Y es que tal vez lo más interesante del cómic es que para desarrollar este complejo recorrido no les son necesarios a Balbi y a Piccioni ni  grandes parlamentos, ni farragosas explicaciones: les basta simplemente presentar en primera persona a los protagonistas en un importante trabajo de documentación y dejar que sean ellos quienes vayan desarrollando secuencialmente sus postulados hasta configurar un amplio y completo quién es quién de la teoría del Big Bang. De este modo vemos transitar por el cómic desde personajes de la fama de Einstein al sacerdote belga George Lemaître, uno de los primeros defensores de la expansión del universo; pasando por George Gamow, quien junto a Alpher y Hermann, había predicho la teoría década y media antes que Penzias y Wilson; además de Dicke, Peebles, Roll y Wilkinson, quienes interpretaron esa radiación como una firma inequívoca del Big Bang; o el mismo Edwin Hubble, particularmente reconocido por su descubrimiento del “corrimiento hacia el rojo”, el peculiar espectro lumínico que dejan las estrellas al alejarse de un observador.
     Si bien tanto el trazo como el entintado pueden parecer en un principio un poco bastos, no cabe duda de que el peso y el acierto del cómic reside más en su parte narrativa, un aspecto especialmente importante dentro del incipiente catálogo de Salamandra Graphics. En este sentido es también cierto que parte de la claridad en la exposición de las en principio farragosas ideas expuestas se debe justamente al buen hacer del dibujante Piccione, capaz de presentar con realismo, cercanía y una acertada simplicidad una galería extensísima de personajes que, entrando y saliendo de continuo por las páginas del relato, pueden tal vez llegar a confundir por momentos al lector menos atento, a pesar de que el relato es en este sentido muy claro.
     Es de agradecer que Salamandra Graphics, la iniciativa desarrollada por Catalina Mejías desde hace algo más de un año, dé opción a este tipo de obras de carácter divulgativo y generalista en la línea de su anterior Logicómix, traducido al igual que el presente título por Julia Osuna Aguilar. En todo caso, Cosmicómic es una muestra más del interés del cómic italiano actual por recuperar, con independencia de los múltiples estilos y formatos, personajes e historias del pasado más reciente con la intención de recuperar el carácter testimonial y divulgativo del arte secuencial. Basten de ejemplo las muy diferentes obras de Saverio Montella y su Oylem Goylem (basado en el famoso espectáculo de Moni Ovadia), Tuono Pettinato y su Garibaldi. Resoconto veritiero delle sue valorose imprese ad uso delle giovani menti, o los dos volúmenes dedicados a Pasolini, el de Davide Toffolo, Pasolini, y el de Gianluca Manconi, El caso Pasolini, ambos publicados en castellano recientemente.
    En efecto, Penzias y Wilson recibieron en 1978 el premio Nobel, y queremos pensar que se les concedió no solo por su gran intuición y dedicación, sino también por un hecho muy simple que en parte justifica la fascinación que producen los científicos en el resto de los mortales: y es que donde los demás solo vemos chisporroteos en un televisor mal sintonizado, ellos son capaces de encontrar evidencias para explicar el origen del universo.
    Esta fascinación la transmite Cosmicómic de forma singular; en todo caso, para quienes no han logrado pasar de las primeras páginas de la Historia del tiempo de Stephen Hawking, uno de los libros de divulgación científica más vendido de las últimas décadas, esta interesante novela gráfica les podrá ser sin duda de gran ayuda.
 
Juan Pérez Andrés

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