Publicado en Reseñas

El aroma de lo mejor

Lunes, 23 Junio 2014 13:55

SANDRA PETRIGNANI Addio a RomaSANDRA PETRIGNANI, Addio a Roma. Vicenza, Neri-Pozzi, 2012, pp. 348 ISBN: 978-88-545-0576-6 *

    Así como individualmente los mejores años de una vida suelen reconocerse, sin remedio, cuando ya han transcurrido, colectivamente puede suceder algo parecido. En el balance artístico de todo el siglo XX italiano y su prolongación hasta nuestros días, las décadas de los cincuenta y los sesenta reúnen sus mejores frutos. Se encarga de recordárnoslo y de evocarlos en nuestro tiempo con una pizca de melancolía Sandra Petrignani (Piacenza, 1952), escritora, novelista, periodista y dramaturga. Una mujer inclinada a crear algunas de sus obras partiendo de relevantes vidas ajenas, o de sus respectivas moradas o de sus bibliotecas. Así lo ha realizado de nuevo con Marguerite, biografía novelada de Marguerite Duras (Neri-Pozzi, 2014).
    El volumen traza el tejido artístico principalmente de ese par de décadas tomando como eje a Roma, cuya vida describe rastreándola en sus escritores, pintores, actores y otros artistas, además de los críticos, así como en los lugares y vínculos de agregación entre todos ellos: galerías de arte, cafés, salones, premios literarios, exposiciones, periódicos y revistas, la música, el cine, etc. Es decir, recrea la atmósfera colectiva de una época y la personalidad de sus protagonistas.
    El recorrido está pautado por años: empieza en 1952 y sigue anualidad por anualidad sistemáticamente hasta 1965; un largo penúltimo capítulo recoge los años 1966 y siguientes; y se concluye con un extenso epílogo que se ocupa del fenómeno del 68 y sus derivaciones, que se alargan hasta los setenta. En verdad, esta división cronológica sirve solo de guía, porque dentro de cada capítulo a menudo se desbordan las lindes con anticipaciones y –menos- retrocesos. La narradora juega con ventaja: cuenta en presente pero conoce el futuro, ahora que ya todo es pasado. El conjunto está dividido en dos grandes bloques, correspondientes a las dos décadas principales. La segunda parte está encabezada por una breve cita de Ennio Flaiano, a modo de leitmotiv: "Coraggio, il meglio è passato" ("Ánimo: lo mejor ya ha pasado"), que es toda una impagable declaración de principios.
    Petrignani reconstruye una formidable trama de amistades y complicidades personales (también de rupturas y rechazos). El libro habla, desde luego, de Roma y la homenajea; pero, más que la ciudad, lo que interesa es su sociabilidad, el ritmo de vida de los hombres y las mujeres del mundo de la cultura, su particular bohème. Y describe también la cristalización paulatina de determinados cambios, de mentalidad, de costumbres, de corrientes dominantes, de modelos políticos: por ejemplo, el paso de la pintura figurativa a la abstracta –y el rechazo que suscitó en alguna élites consolidadas, Guttuso o De Chirico incluidos-; de la escritura (neo)realista a la neovanguardia, del marxismo del dominante PCI a la ideología del 68, etc.
    Las fuentes de la obra son fundamentalmente de dos tipos: librescas, incluyendo tomos de memorias y otros, y orales, de testigos vivos de aquellos años. Voluntad documental, pues, rigor de la información y aluvión de datos, con útil bibliografía final e índice de autores. Esto es lo que encontramos.
    El libro plantea un híbrido de información y de ficción. Petrignani inventa una trama que tiene por protagonista a la joven Ninetta, un personaje que serpentea por casi todos los capítulos. Su introducción (acaso algo brusca, pues fuerza el hilo de la crónica) es muy temprana. Ella mostrará una trayectoria emblemática, casi arquetípica, de la evolución de los jóvenes inquietos de aquella época, de sus aspiraciones, de sus etapas en el camino del progreso, y del cambio de costumbres y de mentalidades. El personaje cumple también la función de aliviar la sobrecarga informativa del libro mediante una trama vital, individual, que vuela, a ratos humilde, a ratos soñadora, a ratos fascinante. Asimismo sirve para completar el cuadro de la época, añadiendo noticias más frívolas o ligadas a eventos más populares o de fuera de Roma, internacionales a menudo, ya que Ninetta se trasladará a vivir a París (donde le alcanzará el mayo del 68, por ejemplo).
    La joven aparece vinculada a otra figura, con la que se cruza su vida, que la refuerza, esta sí realmente existida, la galerista innovadora Palma Bucarelli, seguida al detalle en muchas de sus iniciativas, rodeada de un halo de belleza, seducción, refinamiento y casi misterio. Fue amante de su maestro, el crítico de arte Lionello Venturi, y luego de Carlo Argan, colega y condiscípulo del común maestro, con quien formó equipo. Esta galerista, en alguna medida, simboliza la fuerza emergente y emancipadora de las mujeres adultas en la época.
    En la obra, poco a poco, se va conformando el mito de Roma, una ciudad muy hermosa y todavía pobre tras la guerra, pero llena de vitalidad, fecundísima para el arte, refugio elegido por muchos, crisol del talento de toda Italia, pues a ella fueron a parar también numerosísimos artistas, poetas, escritores, periodistas, que no eran romanos de origen, por no hablar de la notable colonia internacional de artistas y escritores que allí residía, que incluyó entre otros a nuestros exiliados María Zambrano (desde 1957) y Rafael Alberti (desde 1963). En 1950 había llegado a la ciudad eterna Pasolini, y a él se le dedican muchas páginas, y a sus amigos Alberto Moravia y Elsa Morante, como también a Dacia Maraini, más joven, que se incorporará más tarde. Allí estaban Laura Betti, Sergio Citti, Ninetto Davoli, del mundo del cine, casi todos ideológicamente cercanos al PCI. Moravia y Morante se habían casado en 1941 y siguieron juntos casi veinticinco años más; Petrignani proporciona un retrato detallado de una relación compleja y dolorosa, como ardua y agitada fue la de Pasolini, escritor y cineasta, con el público. Son autores excelentes, que comparten grandes complicidades pero que también tienen sus diferencias (PPP llegaría a tener discrepancias relevantes públicamente con Morante y Calvino).
   Italo Calvino vivió algunas temporadas en Roma; es un ejemplo de alguien que no apreciaba el modo de hacer de los romanos, la informalidad, la mezcla de clases sociales, la promiscuidad entre mundos literarios, artísticos, cinematográficos y periodísticos. En esto era como otros intelectuales del norte, que se sentían a disgusto y reaccionaban con sorpresa y hostilidad. Fue amante durante un tiempo de la actriz Elsa de' Giorgi. Entre ambos hubo una relación desigual, la propia de dos temperamentos y edades muy dispares. Eran los años en los que él estaba escribiendo la trilogía de Nuestros antepasados. En noviembre de 1956 tras los hechos de Budapest, junto a otros intelectuales, se enfrentó a Togliatti y abandonó el PCI. A la capital se incorporó también desde Milán Giorgio Manganelli, hombre de vida aventurera y desventurada, que contrasta con su obra, de fondo muy irónico. Y Carlo Emilio Gadda, otro lombardo, un solterón misógino que tuvo un reconocimiento literario muy tardío...**
    No faltan en las páginas del libro la crónica de polémicas, querellas, casos sonados y eventos singulares. En noviembre de 1958, la editorial Feltrinelli, con el aval de Bassani, publica Il Gattopardo, del palermitano príncipe de Lampedusa (que había fallecido en julio del año anterior), disgustado por el rechazo de Einaudi y Mondadori. La crítica y los lectores excelentes se dividen (Montale, a favor; Moravia, en contra, como antes Vittorini, ya que aún pesaban prejuicios ideológicos marxistas); pero el gran público lo acepta en masa y vence el premio Strega en 1959. En 1960 se estrena La dolce vita, un éxito internacional. PPP había colaborado en los diálogos, los guionistas eran Ennio Flaiano y Tullio Pinelli. La crítica se divide de nuevo, Montanelli en el Corriere, advierte del fondo melancólico del filme. A Fellini, su director, la película le cambió la vida: le agobiaba tanta popularidad, muchos examigos ahora lo criticaban y lo envidiaban. De 1961 es el primer artículo-ensayo de U. Eco, sobre crítica televisiva "Fenomenologia de Mike Bongiorno", publicado en el nuevo periódico Il Giorno. En 1964 en la XII Biennale de Venecia, irrumpe el Pop Art. La agitación y la furia iconoclasta del 68 llegaron precisamente al premio Strega. En 1969 PPP tras advertir maniobras en su contra y en favor de Alberto Bevilacqua, y contraviniendo las reglas, retira del concurso su libro Teorema. Sigue la dimisión de Moravia como presidente del jurado y la retirada forzosa de otros candidatos. Lo propio hace ese mismo año Calvino con Ti con zero.
    Otra aportación sugestiva del libro es la recuperación de algunos nombres egregios, personalidades destacadas del mundo de la cultura, que poco a poco han sido olvidados, como es el caso de una serie de autores que podríamos denominar, al italiano modo, irregulares: Cristina Campo, Elémire Zolla, Juan Rodolfo Wilcock (nacido en Buenos Aires), el propio Ennio Flaiano, o Bobi Bazlen y Ernst Bernhard (psicoanalista); los dos últimos, aunque no escribieron casi nada, ejercieron una influencia notable en el mundo intelectual romano.
    El texto acaba con la recapitulación del terrible asesinato de PPP el 2 de noviembre de 1975. Es sin duda el artista más tratado en el libro, el más contradictorio, el que más se expuso, defendiendo una clase social y un mundo en vías de desaparición, y quien mejor representa a la Roma de los años cincuenta y sesenta e incluso de los setenta. También es el autor italiano contemporáneo sobre el que sigue publicándose mayor bibliografía crítica cada año, en Italia y fuera de ella.
    Hasta cierto punto sorprende, más allá de la prudencia y el tacto de S. Petrignani, que se sepa tanto de tantas vidas privadas; evidentemente, ha habido y hay mucha gente dispuesta a contarlas. En todo caso, es un mérito de la autora haber recopilado ese aluvión de informaciones que adereza otros datos que ya eran más conocidos. Es un acierto del libro asimismo haber concedido importancia, casi preponderancia, a las artes plásticas, a la pintura en particular, pero también al cine, en consonancia con el relieve de las aportaciones que se estaban fraguando en Roma en aquella época; más escasas, sin embargo, son las informaciones correspondientes al mundo del teatro. Igualmente acertado es el tono empleado, principalmente haber rehuido una actitud nostálgica.
    En conclusión, no es un libro de investigación, ni tampoco una historia integrada de las artes, es un libro creativo de divulgación, bien hecho y escrito con amenidad, que pretende poner en valor el universo artístico-cultural de un tiempo y un lugar que hoy nos parecen envidiables, ligándolo a la bohème romana y a la vida privada de los artistas, considerada el caldo de cultivo de obras muy apreciadas. No deja de ser un compendio o un catálogo de lo mejor de la literatura italiana y de otras artes del siglo XX, que, efectivamente, se concentró precisamente en las décadas centrales, nucleado en torno a Roma. No puede ser una casualidad que el filme recién premiado, con el Óscar a la mejor película extranjera, La grande belleza, de Paolo Sorrentino (2013), sea heredero de La dolce vita. Obviamente, el catálogo de Sandra Petrignani no está completo. Es una selección que se atiene bastante al canon, aunque también nos muestra a algunos de los escritores que hemos llamado irregulares. Sin duda, cada lector echará de menos más información sobre autores específicos o favoritos. Y, last but no least, en alguna medida se desmontan los mitos construidos en torno a escritores y artistas adorados, idolatrados por muchos, que ahora se presentan humanizados, y se comprueba que no estaban hechos de una sola pieza. Fueron hombres de su tiempo.

* La presente reseña del libro de Sandra Petriganni es una reelaboración de la conferencia que, con el mismo título, ofreció el profesor Juan Carlos de Miguel en el marco de la 2ª Giornata della Letteratura Italiana Contemporanea: le scrittrici celebrada en la Facultad de Filología de Valencia el 6 de marzo de 2014.

** En el libro se toman en consideración solo las fechas de publicación en volumen de La cognizione... y, por derivación, del Pasticciaccio..., preteriendo las precedentes, por entregas, en revista (p. 234).

Juan Carlos de Miguel y Canuto
Universitat de València

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