Publicado en Reseñas

El delicado paso del tiempo

Lunes, 04 Noviembre 2013 13:58

RIGONI STERN EstacionesMARIO RIGONI STERN, Estaciones, trad. César Palma, Pre-Textos, Valencia, 209, 152 pp. ISBN: 978-84-8191-987-5

El 30 de octubre de 2007, al finalizar la emisión en directo del espectáculo teatral Il sergente de Marco Paolini, los telespectadores italianos tuvieron ocasión de ver por última vez a un anciano Mario Rigoni Stern que, rodeado por un público mayoritariamente joven, agradecía con sentidas palabras a los presentes la calurosa ovación con que habían recibido la adaptación de su celebrada novela Il sergente nella neve.

Desgraciadamente, la voz de Rigoni Stern se apagaría meses después dejando en sus lectores el recuerdo de esa última imagen de humilde testigo del pasado venido de épocas lejanas, justo en el momento el que el reconocimiento le llegaba tanto de las numerosas reediciones de sus novelas como de la notable difusión que venía gozando el documental dirigido unos años antes por Carlo Mazzacurati (Ritratti: Mario Rigoni Stern, ed. Fandango Libri, 1999).

Autor venerado en Italia e inexplicablemente desconocido hasta hace poco entre los lectores españoles, debemos a la editorial Pre-Textos que podamos disfrutar, de entre la veintena de títulos aparecidos desde su primer Il sergente nella neve en 1953, de tres de las obras más significativas de su producción: la ya mencionada El sargento en la nieve (Pre-Textos, 2007), Historia de Tönle (Pre-Textos, 2004; Storia di Tönle, premio Campiello en 1978) y su última obra, Estaciones (Pre-Textos, 2009; Stagioni, publicada en 2006, dos años antes de su desaparición), todas ellos con traducción de César Palma.

Si bien la primera de ellas, de corte autobiográfico, sobre la dolorosa retirada del frente ruso de los soldados alpinos italianos en el invierno de 1943, acabó por identificar para muchos lectores a Rigoni Stern como uno de los muchos escritores memorialistas volcados en plasmar las duras condiciones del pueblo italiano durante y después de la II Guerra Mundial, lo cierto es que su poética no se agota, ni mucho menos, con esta faceta, tal vez la más reconocida y aplaudida de su producción.

De hecho, en su siguiente libro, Il bosco degli urogalli (1962), Rigoni Stern incorporaría una segunda veta mucho más personal que marcaría definitivamente su narrativa: la de las reflexiones suscitadas por la vuelta a su tierra natal (el Altiplano de Asiago, a caballo entre las regiones del Véneto y el Trentino-Alto Adige) en obras caracterizadas por una prosa detallada y sensible en las que el foco de la narración lo ocupa la descripción minuciosa del paisaje montañés a partir de una delicada y sincera observación de la naturaleza.

No siendo, ni mucho menos, un escritor compulsivo, la prosa de Rigoni Stern tenderá cada vez más, desde ese momento, hacia una cuidada prosa volcada en la simplicidad de las descripciones, siempre precisas y evocadoras, del que conoce y ama la tierra en la que vive. Esta vuelta al terruño como eje narrativo, presente también en contadas páginas de su breve incursión en la novela histórica que supuso Historia de Tönle (1978), en torno a las agitadas vivencias de un solitario montañés a caballo entre los siglos XIX y XX, lejos de ser, en palabras de Gianluca Cinelli, "una regresión irracional al mito edénico, sino descubrimiento de una forma de vivir inspirada en el respeto a los demás y al uso compartido del mundo y sus recursos", irá ocupando cada vez un espacio mayor en sus textos hasta erigirse en tema central de su última obra, Estaciones.

De hecho, la temática bélica tan presente en él (retomada desde una óptica memorialística y sumamente personal en muchas otras ocasiones, como en Ritorno sul Don, 1973, o Sentieri sotto la neve, 1998), aunque presente también de forma puntual en Estaciones, acaba por dejar paso aquí a una línea más íntima todavía si cabe, en la que, en la distancia que dan los años, la narración la ocupa la peculiar voz del anciano autor combinando a la perfección los detalles autobiográficos, la emotiva evocación de los seres queridos (impagables las páginas de la visita al cementerio) y la sensible descripción del paisaje alpino.

Dividida en cuatro partes dedicadas a las distintas estaciones, el ritmo de la prosa viene marcado por la presencia de seres, sensaciones, recuerdos y vivencias asociadas a cada una de ellas, desde la nieve presente en el paisaje invernal con que arranca la novela (evocadora de otra nieve, la de la rivera del Don en el trágico frente ruso), pasando por la vuelta de la abubilla y el aguzanieves que anuncian la cercana primavera en que se recuerdan los juegos de infancia y las postales que su abuelo le hacía enviar al Jefe de las Golondrinas para anunciarle el fin de las nieves, hasta la descripción del bosque en verano y las historias de caza en otoño.

Historias de polenta recién hecha, de corzos perdidos en los lindes del bosque, de pistas dejadas por el esquivo urogallo en el borde del camino, pero también de duros montañeses constreñidos a emigrar al norte cada año tras el deshielo y de pastores solitarios en cuyas ásperas manos nacen los más sabrosos quesos de cabra. Y todo ello con la conciencia de ser, no tanto un novelista, sino uno de esos últimos narradores orales encargados ante su auditorio de traer del olvido palabras, ritmos y experiencias casi olvidados, tan alejados, por desgracia, de los tempos y ritmos que imponen la modernidad.

Transmisor de un mundo abocado irremediablemente a la extinción, duro y noble al mismo tiempo, Rigoni Stern quiso dejar como último regalo a sus lectores este inestimable testimonio de prosa delicada y sentida en la que el corazón late bajo cada palabra. Delicadeza y sentimiento que, pese a la dificultad que entraña, la traducción de César Palma ha sabido mantener y conservar en esta preciosa novela.

Juan Pérez Andrés

 

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