Publicado en Reseñas

El Leopardi de Pietro Citati

Viernes, 17 Julio 2015 13:36

Leopardi Pietro CitatiPIETRO CITATI, Leopardi, trad. Juan Díaz de Atauri, Acantilado, Barcelona, 2014, 528 pp. ISBN: 978-84-15689-88-1

Presente en las librerías españolas desde hace una década, resultaría raro encontrarse con un lector aficionado a las letras italianas que no se haya topado en algún momento con un texto, una cita o un fragmento de Pietro Citati (Florencia, 1930). Precoz articulista desde su primera juventud en algunos de los medios de difusión cultural más importantes de Italia (abarcando desde sus iniciales colaboraciones en revistas como Il punto, L'Approdo o Lo Spettatore italiano de Elena Croce a finales de los cuarenta, hasta sus textos de crítica literaria en periódicos nacionales como Il corriere della sera o más recientemente La Repubblica), además de notable ensayista desde mediados de los años setenta (recuérdense sus biografías y estudios sobre Goethe, Tolstoi o Alessandro Manzoni) la obra de Citati se cuenta entre las más notables de la crítica literaria italiana del último medio siglo.

A sus obras ya conocidas en castellano (El mal absoluto: en el corazón de la novela del siglo XIX, Galaxia Gutenberg, 2006; Ulises y la Odisea: el pensamiento iridiscente, Galaxia Gutenberg, 2008; o Kafka, Acantilado, 2012), viene a sumarse ahora, editado de nuevo por Acantilado y con traducción de Juan Díaz de Atauri, este ensayo de corte biográfico centrado en la figura de Giacomo Leopardi.

Volumen riguroso dentro de la variedad de lecturas que ofrece, en él ha condensado Citati una imagen completa de la vida y obra del poeta; su traducción, qué duda cabe, viene a cubrir el vacío en los estudios leopardianos en lengua castellana existente desde la publicacion, hace ya veinticinco años, de una de las pocas biografías que del poeta de Recanati había en nuestra lengua, Hacia el infinito naufragio: una biografía de Giacomo Leopardi, de Antonio Colinas (Tusquets, 1988).

Con todo, si bien Citati no deja de incidir en todos los aspectos que marcan la breve vida de Leopardi, es cierto que, más allá de la exactitud o no del juicio personal sobre la importancia de ciertos insoslayables presupuestos vitales del autor (como es el peso de la enfermedad, la traumática tuberculosis ósea, y su ineludible influencia en la creación literaria del autor), si algo se le puede achacar al volumen de Citati es tal vez una cierta desproporción de tono que se da entre las diferentes partes que componen la obra.

Correcto y puntilloso en la parte exclusivamente biográfica, aunque sin aportar ninguna novedad a lo ya dicho con anterioridad y por momentos tendente a una presentación de personajes y circunstancias más cercana al vodevil que a la biografía (empezando por la bufonesca presentación inicial del padre, Monaldo Leopardi), es sin duda mucho más interesante la parte de carácter puramente ensayística en la que Citati da rienda suelta a su subjetiva (aunque siempre acertada y razonada dentro de un contexto más global) lectura de los textos leopardianos. Tal vez se deba al simple hecho de que la vida de Leopardi, esa criatura abocada a la "exclusión de la naturaleza y del mundo", no estuvo nunca, ni muchos menos, colmada de sucesos de gran significación, mientras que por el contrario sigue sorprendiendo a cualquier lector que se acerque a su obra la profundidad de su pensamiento, la agudeza de su visión y la maestría siempre presente al escribir sobre los aspectos más inefables del alma humana.

Y esto siempre desde el conocimiento de que en Leopardi, la actividad literaria estuvo siempre ligada al convencimiento de que el único modo que tiene el filósofo de llegar a las grandes verdades es "desarrollando, indagando, desvelando, considerando, anotando las cosas más pequeñas, y resolviendo las cosas grandes en sus partes mínimas". Unía Leopardi, nos dice Citati, la agudeza de Locke a la de Condillac, dando muestra de una inteligencia que anticipaba el análisis ininterrumpido de Valéry y de Musil: Leopardi distinguía y después subdistinguía, y aun dividía y subdividía; analizando cada cosa en sus primeros elementos; descomponiendo ideas; "exploraba y diseccionaba"; "penetraba en los pliegues y los secretos; unas veces se servía del escalpelo, otras del lenguaje matemático, otras del lenguaje técnico de la filosofía y aun otras de las rectas y curvas de los geómetras. Llevaba la luz a la oscuridad y la oscuridad a la luz. Siempre supo que la verdad es terrible, y en ello encontraba el más sutil y agudo de los placeres”.

Un espíritu sistemático, en definitiva, volcado a entender el mundo para, a fuerza de volver sobre un mismo tema una y otra vez, acabar negando lo que afirmaba anteriormente y viceversa, en una constante búsqueda en la que la contradicción forma parte de la búsqueda misma. Si a ello añadimos la superposición inabarcable de temas que Leopardi tuvo ocasión de tratar o la densidad que destila hasta en los textos más aparentemente sencillos, coincidiremos con el juicio expresado por Pietro Giordani, para quien el genio de Leopardi le parecía al mismo tiempo "estupendo y terrible".

En efecto, el lector que se acerca a la visión del mundo propuesta por Leopardi (pues de esto se trata en última instancia, de la creación de un mundo totalmente personal con todas sus causas y consecuencias) acaba dándose cuenta de que abarcarlo es una tarea del todo imposible; el presente volumen de Pietro Citati, al situarse en un punto intermedio entre la escueta biografía y la siempre compleja exégesis interpretativa (en la que, sin duda, abundan ejemplos mucho más densos e incisivos a lo largo de la extensa historia de la crítica leopardiana), puede considerarse no solo una guía de lectura capaz de orientar a quienes quieran acercarse por primera vez a su obra, sino una muestra indudable de la tenacidad y perseverancia del propio Citati, capaz de abordar a sus ochenta años una tarea tan compleja como es la de enfrentarse a las multliplicidas y constantes contrariedades de los textos leopardianos (las sublimes poesías, pero también los Cantos, las Operette morali, el mismo Zibaldone) surcados por infinidad de referencias y fuentes leídas, estudiadas y consultadas una y otra vez en la biblioteca paterna de Recanati, esa pequeña cárcel dorada con la que el padre quiso sublimar en el hijo sus propias ínfulas culturales.

 

Por Juan Pérez Andrés

 

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