Publicado en Reseñas

El último destino del capitán Salgari

Lunes, 01 Julio 2013 11:25

FERRERO El ultimo viaje

ERNESTO FERRERO, El último viaje del capitán Salgari, trad. Elena Rodríguez García, Ático de los Libros, Barcelona, 2011, 240 pp. ISBN:978-84-938595-9-6 

A un escritor que lleva de continuo a sus lectores por parajes exóticos de las Antillas o Malasia, que llena miles de páginas con las fantásticas aventuras de aguerridos piratas y fascinantes personajes como Sandokán, Yáñez o los tigres de Mompracem, y que basa sus tramas en lances de arriesgados filibusteros, tesoros perdidos, naufragios pintorescos y esforzados abordajes, es difícil que no se le presuponga una vida repleta de las mismas aventuras y experiencias que leemos en sus novelas.

Quienes así piensen y no conozcan la vida de Emilio Salgari (Verona, 1862 – Turín, 1911), tal vez se sorprendan al saber que no hay nada más lejos de ese estereotipo que la vida sencilla, rutinaria y desgraciada del prolífico escritor italiano. Y lo podrán saber con detalle gracias a dos libros publicados ahora en castellano al calor del primer centenario de su trágica muerte: la autobiografía Mis memorias (trad. de Vicente Corbi, Renacimiento, Sevilla, 2012, con prólogo de Fernando Savater) y la aún más interesante El último viaje del capitán Salgari del turinés Ernesto Ferrero (trad. de Elena Rodríguez, Ático de los libros, Barcelona, 2011).

En ambas el lector se acabará llevando una misma imagen final: la del escritor, “galeote de la pluma”, que pese al enorme éxito de sus novelas y a su notoria fama, arruinado y estafado por sus editores, debe permanecer atado a su mesa de trabajo escribiendo infatigablemente para poder dar de comer a su familia y a su mujer enferma mientras se acumulan las deudas y la miseria.

“Que estas palabras sirvan de testamento: nada poseo, nada puedo dejaros; solamente mi recuerdo…” escribirá en una de las tres notas que dejará a sus hijos un día antes de su suicidio, el 25 de abril de 1911.

A lo que cabe añadir el simbólico “Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari” que escribirá en una segunda nota destinada a sus huraños editores, esos que “que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor”, a quienes “sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales”.

El descubrimiento del cuerpo del autor en el cercano monte de Val de S. Martino, el lugar que eligió para llevar a cabo el viejo ritual del seppuku al que le llevó la insufrible penuria económica y el ingreso de su amada mujer Ida en un hospital psiquiátrico, es, de este modo, el capítulo final de Mis memorias, pero también el inicio del que sirve Ferrero para arrancar su novela.

Este es el único nexo en común de dos obras muy distintas en las que se intuye el deseo de ambos autores de alejarse de las intenciones iniciales para acabar completando un relato totalmente distinto a lo planeado. Pues mientras Mis memorias apenas puede tildarse de biografía dado el enorme peso que cobra una exigua aventura marina que Salgari se encarga de magnificar hasta ocupar prácticamente todo el relato (cuando en realidad en toda su vida no llegó a hacer más que un par de travesías por las costas italianas), en el segundo, Ferrero parte de una novela que acaba al final leyéndose como un relato biográfico.

Porque al tratar la figura de Salgari, Ferrero no pretende hacer solo una biografía, ni una simple novela, ni trazar una mera semblanza al uso del escritor, sino que pretende abarcar todos estos aspectos sin perder de vista ninguno de ellos.

Sin duda, pocos autores pueden ser capaces de lograrlo con la delicadeza y maestría con que lo hace Ernesto Ferrero (Turín, 1938), un autor prácticamente desconocido en España con una obra singular que abarca desde libros de memorias como I migliori anni della nostra vita, publicada por Feltrinelli en 2005 (un “romanzo con personaggi veri” escrito en recuerdo de sus años como director literario y editorial de Einaudi, labor que continuó luego en Garzanti y Mondadori), pasando por sus agudos estudios de la obra de autores como Carlo Emilio Gadda, Calvino o Primo Levi, para acabar en las últimas décadas como novelista de éxito con títulos como N (publicada en 2001 por Tusquets con traducción de Atilio Pentimalli) o la más reciente La misteriosa storia del papiro di Artemidoro.

Vinculado a la literatura desde inicios de los sesenta y habituado a codearse desde que tenía algo más de veinte años con las más grandes figuras que desfilaron por la casa Einaudi, como Elio Vittorini, Norberto Bobbio, Primo Levi, Giulio Bollati o Natalia Ginzburg, no es de extrañar que este enfermo de la literatura escogiera a Salgari, otro enfermo de la literatura, como objetivo para una novela.

Por lo demás, el perfil de este Salgari crepuscular, envejecido, aquejado por las deudas y prolífico trabajador por necesidad, queda en la novela de Ferrero perfilado ya desde los primeros encuentros con su joven vecina Angiolina, una de las múltiples voces que de tanto en tanto roban protagonismo al narrador y que sirven para acercarnos, como un caleidoscopio, diferentes visiones del escritor.

Así, un breve texto del periodista napolitano Antonio Casulli, la carta que éste recibe de Ida Salgari, un breve escrito de su hijo Omar de diez años o las declaraciones del doctor Teresio Chiabotti, médico del sanatorio al que llevan a Ida, son, además de las múltiples entradas del diario de Angiolina en las que ésta narra sus encuentros con el escritor, algunos de los recursos que Ferrero pone en práctica para enriquecer su relato y ofrecer una imagen más completa de uno de los escritores más veces editado y leído de la literatura universal.

“Se escribe para vivir muchas vidas” le dirá a la joven Angiolina. Todas las que él no pudo vivir.

 

 Juan Pérez Andrés

 

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