Publicado en Reseñas

Alfieri y su anticipo del Juicio Final

Viernes, 20 Junio 2014 13:46

ALFIERI Bosquejo del Juicio UniversalVITTORIO ALFIERI, Bosquejo del Juicio Universal, trad. Jaime Rosal, SD Ediciones, Barcelona, 2012, 72 pp. ISBN 13: 978-84-92607-77-8

Al lector que se asome por primera vez a la vida y obra de Vittorio Alfieri (Asti, 1749 – Florencia, 1803) es probable que le sorprendan un par de cuestiones realmente llamativas: en un primer momento, que un autor de tan gran relevancia en la historia de las letras italianas, clave en el estudio del Clasicismo italiano y precursor en parte del Romanticismo en este país, esté tan poco presente en los teatros y en las librerías hoy en día, algo especialmente clamoroso en el ámbito castellano; en un segundo momento, sobre todo si ya se conoce su magnífica Vita (1804), una de las biografías más interesantes de la literatura europea de todos los tiempos, que un representante de la clase más adinerada del Antiguo Régimen, cuya única pasión durante gran parte de su adolescencia y primera madurez, esos años de “enfermedades, ocio e ignorancia”, era coleccionar caballos de raza a lo largo y ancho de media Europa (tarea a la que dedicó su período de formación durante su grand tour europeo, mientras rehusaba encontrarse con Metastasio en Viena o con Rousseau en París), fuera capaz de convertirse en un par de décadas en uno de los referentes indiscutibles de las letras europeas de finales del XVIII y principios del XIX.

En ningún caso, la lectura de su autobiografía nos podrá dar pistas sobre ninguna de estas cuestiones, más allá de constatar la pasión y el tesón con que Vittorio Alfieri se volcó a la actividad literaria a partir de 1775, cuando ya contaba 25 años de edad y contrajo, como recordará él mismo en su Vita, “conmigo mismo y con el público el compromiso de hacerme autor trágico”, cargado tan solo de “un ánimo resuelto, tenacísimo e indómito: un corazón rebosante de toda clase de afectos, entre los que predominaban, caprichosamente mezclados, el amor, con todos sus frenesíes, y un profundo, ferocísimo e invencible odio a la tiranía”.

Este compromiso nos lleva, justamente, a su primera obra conocida, este Bosquejo del Juicio Universal, una pequeña obra dialogada escrita en francés según la costumbre del momento y pensada para ser representada en un pequeño cenáculo privado de la alta burguesía ilustrada turinesa, “una suerte de divertimento teatral paródico -como señala el traductor Jaime Rosal en la introducción a este pequeño y cuidado volumen- cuyo objetivo es la crítica de la sociedad turinesa de la época”. En ella, con la excusa de una audiencia divina dispuesta para valorar el premio o el castigo que se merecen las almas de los difuntos, van desfilando ante los espectadores diferentes personajes de la época en un ir y venir de caracteres (virtuosos los menos, mezquinos la gran mayoría) que haría sin duda las delicias del selecto auditorio, capaz de identificar al personaje de turno oculto bajo cada parlamento.

Aunque es evidente que la referencia exacta a las caricaturas de las diferentes almas (desde ministros conocidos del gobierno de Carlo Emanuele III, a aventureros, cortesanos y damas de la corte) que dialogan con Dios y piden clemencia se escapan a alguien que no sea un contemporáneo conocedor de la sociedad turinesa del momento, las tres sesiones de este volteriano anticipo del Juicio Final que Dios, Jesús y la Virgen María celebran asistidos por el arcángel Gabriel después de tomar chocolate, no dejan de ser una más que estimable muestra del ingenio que este primer Alfieri supo imprimir en esta breve obra, un pequeño opúsculo rebosante del fino sentido de la ironía y del no menos afilado deseo de provocar y derribar convenciones que caracterizó su posterior producción.

Valga recordar en este sentido que, en apenas dos años, Alfieri daría a la luz Della Tirannide (1777), uno de los más agudos alegatos en favor de la libertad al tiempo que un completo manual de resistencia frente a los tiranos; una obra, en definitiva, cuya concepción básica radicaba justamente en la asunción de que en la tiranía el poder se apoya en todo momento en un falso honor totalmente alejado de la verdadera virtud, la que muestra el individuo capaz de situar el bien común por encima de sus intereses privados.

En el contexto laxo de esta reseña, el sucinto repaso a las mezquindades, vicios, torpezas y comportamientos egocéntricos que desfilan por este Bosquejo del Juicio Final se revela entonces como un antecedente, aunque solo sea en menor grado, a esta misma crítica a la tiranía y al falso honor que encontramos de forma constante en sus tragedias más conocidas, tanto las ambientadas en el mundo greco-latino, como Polinice (1781), Antígona (1781), Agamenón (1781), Oreste (1781), Ottavia (1781), Bruto Primo (1786-1789) o Bruto secondo (1786-1787), como aquellas de ambientación más cercana como Maria Stuarda (1780) o La congiura de' Pazzi (1782), en las que se suele partir casi siempre del tema del tiranicidio o de la defensa heroica de las libertades frente a las represoras convenciones y donde el honor cobra una especial relevancia.

Enemigo acérrimo de cualquier servidumbre que supusiera una merma de la libertad individual (los desplantes a diferentes monarcas europeos son frecuentes en su biografía, al tiempo que, horrorizado espectador en París de los disturbios previos y posteriores a la caída de Luis XVI, no deja de mostrarse “convencido de que los efectos e influencias de esos reyes plebeyos [los revolucionarios] han de ser para Francia y para el mundo entero más funestos que la influencia y la actuación de los reyes capetos”), esta obra que ahora presenta la cuidadosa y siempre personal editorial SD Ediciones en su hermosa colección El Siglo de las Luces puede ser sin duda un primer paso para quien desee iniciarse en la obra de este gran maestro de la tragedia de todos los tiempos, además de para conocer los inicios literarios de un autor considerado como uno de los referentes indiscutibles del pensamiento más avanzado de finales del XVIII italiano.

Juan Pérez Andrés

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