Publicado en Reseñas

Herido paisaje adriático

Jueves, 13 Febrero 2014 19:55

FRANCO VEGLIANI La fronteraFRANCO VEGLIANI, La frontera, trad. Miguel Izquierdo, Minúscula, Barcelona, 2012, 234 pp. ISBN 13: 978-84-95587-90-9

     La publicación de La Frontera (1964) por parte de la editorial Minúscula nos ha permitido descubrir al escritor italiano Franco Vegliani, un autor invisible para los lectores españoles. Vegliani (Trieste, 1915 – Malcesine, 1982), de madre triestina y padre de Fiume (la actual Rijeka croata), nace en lo que es entonces el vasto imperio austro-húngaro. Tras la Primera Guerra Mundial, Vegliani se convierte en ciudadano italiano para más tarde participar en la campaña del Norte de África durante la Segunda Guerra Mundial, donde es hecho prisionero y permanece cuatro años de prisión en Egipto. A su regreso se instala en Milán donde ejerce como periodista y escribe lo mejor de su producción entre la que destaca, además de La Frontera, Processo a Volosca (1958).

    La Frontera, volcada al castellano por el siempre meticuloso traductor Miguel Izquierdo, nos sitúa en el verano de 1941, en plena guerra, cuando un oficial italiano se instala por un breve espacio de tiempo en una isla de Dalmacia para superar un proceso de convalecencia. Allí establecerá una inmediata amistad con el viejo Simeone, un pescador que le revela la trágica historia de su sobrino, Emidio Orlich, un alférez del ejército imperial caído en el frente durante la Gran Guerra. A través de las últimas pertenencias del soldado muerto que obran en poder de Simeone, fundamentalmente algunas fotos y varias cartas, vamos conociendo una serie de enigmáticos hechos que conducen inevitablemente hasta el triste desenlace de Orlich. Vegliani intercala así los avatares de Orlich y los diversos encuentros mar adentro en los que los personajes centrales del libro, nuestro oficial-narrador y pescador, emiten sus opiniones y juicios sobre la historia y que, casi sin querer, van estableciendo una comparación entre los destinos de ambos soldados.

     Tomando como marco físico el convulso y herido paisaje adriático, asistimos al desarrollo de una trama donde se cruzan varios personajes con sus distintas voces, dándonos diferentes perspectivas de un mismo relato. Gracias a ellas, sabemos de varios de los conflictos que atormentarán a Emidio. Por un lado, el Emidio muchacho, debe hacer frente al paso brusco de la adolescencia a la cruda madurez tras haber recibido una educación que le lleva a pecar de ingenuidad. Por otro lado, el Emidio soldado tropieza con el descubrimiento de una guerra que deja pronto de ser un juego de instrucción para ser una realidad cruel y trágica donde además se abren brechas entre los propios compañeros pues no todos son iguales dentro de un ejército que establece diferencias de clase entre soldados y oficiales.

    “Me refería, claro está, a la historia de Emidio, los señores y los pobres, los oficiales y los soldados de la otra guerra.”

   Finalmente, hallamos al Emidio hombre, arrastrado por la irrupción de un amor inesperado y abrupto, una pasión intensa pero muy breve en la que siempre parecerá ir a remolque de la mujer amada. Para nuestro protagonista, son probablemente los instantes más felices de su vida pero la huella de ese amor lo trastocará volviéndolo más vulnerable.

   Novela, también, de fronteras, de territorios que Vegliani conoce bien en lo físico, y en lo emocional por ser lugares donde se cruzan los caminos, las costumbres y las lenguas de diversos pueblos. Paisajes donde nada está definido y donde los límites no están claros, y menos en aquella Europa tan convulsa. Es en este escenario donde el tímido Emidio Orlich descubre que su pasado emocional, geográfico e idiomático tiene un significado político nada inocente en un imperio construido contra natura y a base de fracturas territoriales.

   “Emidio, con todo, pensaba en la pregunta que le había formulado el mayor. Con fecha de aquella noche, en su diario aparece una nota en la que comenta el error de von Zirkenitz a propósito de su nacionalidad. La escribió probablemente antes de dirigirse al comedor. Dice: “¿Italiano? ¿Eslavo? ¿Qué significa eso? ¿Acaso no somos todos austríacos?”

   En definitiva, nos encontramos con un libro que nos relata la historia de una crisis personal y política en la que Franco Vegliani consigue, apoyado en una escritura pausada y reflexiva, ir dosificando los acontecimientos y emociones por los que van transitando unos personajes ambiguos, nunca hechos de una pieza, que se van entrecruzando en una historia enigmática. Emidio Ordich no es más que la representación de esa crisis donde podríamos estar cualquiera de nosotros si de repente nos halláramos en un territorio de guerra plagado de múltiples fracturas. El gran drama de Emidio, no es ya el combate y la posibilidad de la muerte. A veces, sus propios enemigos parecen estar entre sus propias filas. Quizás sea ahí donde mejor se vea la maestría de Vegliani para contarnos esta bella historia.

Por Miguel Ángel Herrero

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