Publicado en Reseñas

Algo más que un western siciliano

Martes, 24 Marzo 2015 20:21

Camilleri La banda de los SaccoANDREA CAMILLERI, La banda de los Sacco, trad. Juan Carlos Gentile Vitale, Destino, Barcelona, 2015, PP. 187, ISBN: 978-84-233-4907-4

Basta una carta de la mafia reclamando con el “pizzo” una parte de un pastel que no le corresponde, por un lado, y la terquedad, el orgullo y la negativa de quien ha trabajado duramente la tierra con sus manos, por otro, para desencadenar los hechos que acaban por convertir a una humilde familia trabajadora en un grupo de forajidos, una gang of outlaws de cinco hermanos empujados por las circunstancias a echarse al monte. Si hubiera sido cualquier otra familia, no tendríamos historia, pero los Sacco que el incombustible y siempre interesante Andrea Camilleri (Porto Empedocle, 1925) nos pinta en esta novela han pasado por la experiencia de la emigración y de la guerra, se han partido los brazos en momentos de penuria, han conocido las ideas progresistas del momento… y no ceden. Por eso, entre la población rural siciliana habituada a la omertà, al silencio, a obedecer a regañadientes a caciques rurales poseedores de una maquinaria represiva formada por cientos de afortunados delincuentes acostumbrados a campar a sus anchas, los Sacco y su obstinada resignación no pueden dejar de convertirse en algo más que una molestísima piedra en el camino del sistema de extorsión mafioso. Como es bien sabido la mafia no admite un no por respuesta, y mucho menos si a este no le pueden seguir otros.

Llegados a este punto, el drama de los Sacco a lo largo de la primera mitad del siglo XX podría haberse quedado en eso, en una especie de western rural a la siciliana -según el mismo Camilleri señala- en el que una familia honesta sufre las tristes consecuencias de su negativa a doblegarse ante la mafia, pero en La banda de los Sacco Camilleri amplía su objetivo para acabar apuntando a un conflicto de miras mucho más imponentes: de hecho, los Sacco no solo se oponen a la mafia (una mafia incipiente, cierto, pero tan cruel, inapelable y despiadada como la conocida a finales del siglo XX y principios del XXI), sino también, como aprenderán en sus propias carnes todos los miembros de la familia, contra el mismo estado que debería en teoría protegerlos. Desde los carabinieri que miran hacia otro lado, primero por cautela y luego en clara connivencia con los estamentos de poder a principios de los años veinte, cuando se inicia el relato, como más tarde las instancias burocráticas y judiciales que acaban cediendo y actuando interesadamente pese a la absurda acumulación de pruebas falsas puestas en su contra y que terminan por condenarlos a una prisión inmerecida de varias décadas, estas tres fuerzas vivas (la mafia, la gendarmería y el poder judicial, solo falta en esta pintura la respuesta del clero), acaban por cercar económica, social y legalmente no solo a una familia; los Sacco no dejan de ser, en muchos sentidos, más que un trasunto de una sociedad, la italiana, obligada a padecer durante más de un siglo a estos mismos actores interesados.

Dicho de otra manera, si lo que Camilleri nos cuenta puede llegar a causarnos una honda impresión es en gran parte por la sospecha (mejor sería decir certidumbre) de que lo mismo que les pasó a los Sacco les sucedió, les ha sucedido y les sigue sucediendo a miles de italianos desperdigados por cada ciudad, pueblo y aldea año tras año, durante el reinado de los Saboya, durante las décadas de presencia fascista (al igual que la mafia, “un grupo de matones que tomó al asalto el poder”), durante los años de la guerra y, lo que aún es más difícilmente creíble (quizás no tanto después de una lectura entre líneas de La banda de los Sacco) durante el periódico democrático hasta la actualidad.

Lastrada por la imagen mitificada de la mafia que, más allá de sus sanguinarios delitos, ha aportado al cine una extensa galería de personajes deleznables pero dotados de un aura de intachable honorabilidad de acuerdo a un férreo, aunque cínico, código de conducta, la mafia que Camilleri nos vuelve a pintar dejando de lado por un momento a su archiconocido Montalbano (baste recordar su imprescindible Vosotros no sabéis, publicado por Salamandra) queda sin duda a años luz de la colección de padrinos sangrientos pero justos, tradiciones arraigadas y nobles clientelismos ancestrales de cierto imaginario de ficción. Si Roberto Saviano tuvo la valentía hace unos años de sacar a la luz la parte más miserable de este mecanismo delictivo en la Italia actual, Camilleri nos recuerda una vez más, siguiendo la estela de L. Sciascia, que tampoco hay nada de digno, ni mucho menos, en esta importante primera fase de su consolidación.

De este modo entre huidas al monte, emboscadas y traiciones, los Sacco, convertidos falsa e interesadamente en toda una “banda” criminal, se acaban por transformar con su negativa a seguir el dictado mafioso en el símbolo de un verdadero contrapoder, en una verdadera fuerza moral capaz de nivelar el fiel de la balanza e instituirse en una peligrosísima referencia que podría servir de modelo para sus  humillados paisanos. Y eso no lo puede permitir la mafia… como tampoco el estado corrupto. En definitiva, como señala Camilleri, “si en la época de la marcha sobre Roma todos los socialistas hubieran actuado como están haciendo ahora los Sacco, el fascismo nunca habría alcanzado el poder”. los hermanos alfonso salvatore y vanni giovanni

En última instancia, esta breve y sencilla historia contada por Camilleri en torno a los avatares de los hermanos Sacco acaba por tener también mucho de reivindicación del poder esclarecedor del detalle, de la historia mínima, de la capacidad de, a través de esta pequeña historia de una familia en medio de un modesto pueblecito aislado entre montañas, contar hechos que pueden ser en ocasiones más esclarecedores que cualquier libro de historia; en definitiva, la conciencia de que, rescatando las vivencias y recuerdos más íntimos (esa intrahistoria configurada, según Unamuno, por la historia de la gente sin historia), se supera con minúsculas pinceladas la brocha gorda de los manuales para traer a colación, de forma casi inadvertida, certeros apuntes sobre la vida misma de una comunidad y sus intrincadas relaciones, costumbres y modo de vida.

En este punto es obligada la referencia a los “romanzi inchieste” de L. Sciascia, nacido a apenas diez minutos del Raffadali en que transcurren los hechos de La banda de los Sacco y a unos pocos kilómetros de Agrigento, una ciudad cuyas espantosas construcciones son uno de los más ilustrativos recuerdos de la inmoral relación mafia-estado en tiempos más cercanos.

Por lo demás, todo lo que el libro tiene de brevedad lo gana en concisión: no hay apenas descripciones, la trama fluye sin apenas interrupciones farragosas pese a las referencias a actas judiciales y textos diversos y, en comparación con el mencionado Sciascia, todo sea dicho, de una forma mucho más parca. En todo caso, dividido el texto en dos partes, Los hechos, tal como ocurrieron, más objetiva y narrativa, y Consideraciones sobre los capítulos, más personal y subjetiva, es una pena que en la traducción española se tengan necesariamente que perder esos intraducibles giros sicilianos de la primera parte que, en la versión original, ayudan a diferenciar ambos bloques y a configurar un relato que por momentos se acerca más a la recitación de los cantastorie tradicionales que a la de un narrador, haciendo perder por el camino parte de la gracia del texto. Obviamente esto no es algo achacable, en absoluto, al experimentado Juan Carlos Gentile Vitale, quien ha traducido en al menos una decena de veces a Camilleri para Destino (valga recordar el interesantísimo Un hilo de humo) y que ahora nos da una muestra más tanto de la ingente creatividad del dentro de poco nonagenario Camilleri, como de una parte de su obra alejada de la Vigata de Montalbano digna de una mayor atención por parte de los lectores.

Juan Pérez Andrés

 

Utilizamos cookies para facilitar el uso de nuestra página web. Las cookies son pequeños ficheros de texto que su navegador almacena en el disco duro de su ordenador y que son necesarias para utilizar nuestra página web. Las utilizamos para entender mejor la manera en la que se usa nuestra página web y de esta manera poder mejorar consecuentemente el proceso de navegación. Las cookies son el referente que nos indica, por ejemplo, si una página de nuestra web ha sido vista con anterioridad, o si su visita es nueva o recurrente. Las cookies que utilizamos no almacenan datos personal alguno, ni ningún tipo de información que pueda identificarle. En caso de no querer recibir cookies, por favor configure su navegador de Internet para que las borre del disco duro de su ordenador, las bloquee o le avise en caso de instalación de las mismas.