Publicado en Reseñas

Invitación a descubrir Sicilia

Domingo, 22 Junio 2014 10:06

MIGUEL REYERO SiciliaMIGUEL REYERO, Rumbo a Sicilia, Laertes, Barcelona, 2014, 561 pp. ISBN: 978-84-7584-938-6

    La espectacular vista desde el no menos espectacular teatro griego de Taormina; la famosa orecchia di Dionisio en Siracusa, ciudad natal de Arquímedes, cercana al magnífico teatro en el que una vez se estrenaron obras Esquilo; los mosaicos bizantinos de la catedral de Monreale, feliz testimonio de la presencia normanda; el decadente alboroto de las bulliciosas calles de Palermo, menos peligrosas de lo que parecen en un primer momento; el ascenso a la medieval Erice a los pies de la plácida Trapani; la playa de Cefalú y sus exquisitos arancini; el palacio del gran Federico II y la original fusión de estilos y épocas de la catedral en l’Isola di Ortigia; el soberbio valle de los templos en Agrigento, testigo secular de su espléndido pasado griego; los deliciosos granizados de la noble Noto, reconstruida y vuelta a construir sin descanso tras devastadores terremotos; los inmensos y asombrosos mosaicos romanos de la Villa del Casale en Piazza Armernia; el ascenso a pie a la cima del mágico Etna y las oscuras fachadas volcánicas de Catania; la magia de nombres como Corleone o Caltanisetta; el vino de Marsala y la cassata, tal vez el postre más dulce del mundo, sin desmerecer con ellos los famosísimos cannoli siciliani; la cripta de los capuchinos en Palermo y la imagen de la embalsamada Rosalía… pero también, desde la visión literaria, la degradación edilicia de la antiguamente noble Bagheria narrada por Dacia Maraini; las primeras historias de mafias y vendettas denunciadas por L. Sciascia; el esplendor decadente del castillo de Donnafugata cantado por Lampedusa; las historias de sufridos y miserables pescadores de Giovanni Verga; los misterios más terrenos del Montalbano de Camilleri; las vicisitudes del untore de Bufalino paseándose por las calles palermitanas; la reencarnación de Don Juan en Catania a manos de Vittaliano Brancati; el drama de la existencia y la no existencia inaugurado por Pirandello o la configuración de un mundo reservado y hermético del nobel Quasimodo.

    Como innumerables finas capas de polvo posándose sobre la impoluta mesa de una habitación cerrada, Sicilia ha ido atesorando durante siglos los más sugerentes restos de un origen mitad cartaginés, mitad griego, pero también romano, sarraceno, normando, aragonés y borbón; no ha habido, de hecho, ningún momento en la historia del sur de Europa en el que el control de esta isla central del Mediterráneo, pieza clave en el dominio del Mare Nostrum desde la consolidación de la Magna Grecia, no haya desempeñado un papel decisivo. Basta acercarse a cualquier libro de historia para comprobarlo.

     Tierra de nobles pensadores, luchadores campesinos y literatos, rescatada y reinventada (como toda Italia, por otro lado) como la última etapa del colosal grand tour europeo del siglo XVIII, la gloriosa historia de Sicilia desde su incorporación por Garibaldi al naciente Reino de Italia hace 150 años no puede ocultar, por otro lado, un acusado contraste, una permanente gradación de luces y sombras que se entremezclan con su pasado glorioso, siendo indeleblemente visible también la huella dejada por omnipresentes grupos criminales sobradamente conocidos, la extrema degradación urbana de la antaño lujosa Palermo o la brutal especulación en ciertos cascos urbanos como el de Agrigento.

    La presente guía de Miguel Reyero tiene varias virtudes, y la primera de ellas es, seguramente, que es capaz de ensalzar las muchas cosas fantásticas que tiene la isla (se mencionan arriba tan solo unas pocas) sin renunciar al mismo tiempo a poner también por escrito sus zonas oscuras: entre la guía de viajes detallada, salida de una franquicia editorial inglesa y repleta de supuestos agudos comentarios y datos absurdos, y el clásico libro de viajes, tan subjetivo y empático como quiera el autor, Reyero ha conseguido establecer un sugerente equilibrio entre su perfecto conocimiento de la isla y la aportación de datos pertinentes y acertados comentarios. Esto puede parecer algo banal, pero la idiosincrasia de la isla y el orgullo que los isleños sienten por ella no siempre coinciden con las impresiones que de la isla se puede llevar el visitante, sobre todo si es la primera vez que la visitan.

    Con todo, el mayor elogio que se puede hacer a esta guía es, quizás, la posibilidad que permite de hojearla incluso sin la necesidad de una visita inmediata a la isla, pudiéndose leer a destiempo, sin la urgencia de buscar una calle, informarte sobre un monumento, orientarte en un mapa o planear una visita a un punto concreto. Miguel Reyero lo consigue… y Sicilia, sin duda, merecía un tributo así.

Juan Pérez Andrés

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