Publicado en Reseñas

La huella indeleble del dolor

Viernes, 28 Febrero 2014 06:41

GIORDANO El cuerpo humano

PAOLO GIORDANO, El cuerpo humano, trad. Patricia Orts, Salamandra, Barcelona, 2013, 352 pp. ISBN: 978-84-9838-503-8

    La serie de fotos de los soldados americanos de Lalage Snow, We are not dead, tomadas antes, durante y después de su paso por el reciente conflicto armado de Afganistán, sería un ilustrativo complemento a la esperada segunda novela del escritor italiano Paolo Giordano, El cuerpo humano (Salamandra, trad. Patricia Orts, 2013), publicada cinco años después de su arrollador debut literario, La soledad de los números primos.

    Y es que este tema, el de las secuelas físicas y psíquicas de la guerra en un grupo de soldados occidentales en Oriente Medio, configura el nudo central sobre el que gira este segundo título. En este sentido, la cita inicial de E. M. Remarque ("Y aunque nos devolvieran este paisaje de nuestra juventud, ya no sabríamos bien qué hacer con él") y el macondiano arranque de la narración ("En los años que siguieron a la misión, cada uno de los muchachos se esforzó para que su vida se volviera irreconocible, hasta que los recuerdos de la otra, de la existencia anterior, quedaron impregnados de una luz falsa") no solo no dejan ningún lugar a dudas del nudo temático sobre el que gravitan los sentimientos y acciones de los personajes, sino que plantean desde el inicio un cierto clima de tragedia que tarde o temprano acabará por materializarse.

   Para ello, con las herramientas de una prosa emotivamente directa que pone una vez más en evidencia las grandes dotes de introspección, concisión y empatía de Giordano con sus personajes (como los fragmentos especialmente densos en los que se muestran las reflexiones en primera persona del médico de la misión, el teniente Alessandro Egitto), la novela se organiza justamente en tres partes correspondientes a estos tres momentos: el antes, el durante y el después de una misión de paz llevada a cabo por un grupo de soldados italianos en Afganistán.

   Así, la primera de ellas, la más extensa, Experiencia en el desierto, se centra en los momentos previos a la toma de contacto directo con la guerra. En ella, demostrando la gran capacidad de Giordano para sacar partido a los más mínimos detalles para bucear en los instintos y sentimientos de los personajes presentando las intimidades, dudas y complejos de los diferentes soldados, la novela gira en torno a la despersonalización de cada uno de ellos en un ambiente hostil, el desierto, en el que la rutina e incomodidad de la tropa acaban por sacar lo mejor y peor de todos ellos. Ante estas páginas de presentación y preparación del clímax central en las que se encadenan a cada poco frases como "viendo lo que sucedió después", el lector tiene claro que este proceso de introspección no hace más que preparar el clímax fatal que espera a los personajes y al que de forma ineludible se encamina la narración. Alejados de cualquier honor, los pasatiempos con los que se entretienen los soldados en el campamento (como las bromas y humillaciones al infeliz soldado Mitrano) acaban por desvelar no solo la trastienda más oscura de nuestra psique, sino la escasa preparación de esos pobres salvadores del mundo que (por seguir el oxímoron tan en boga en tiempos de George Bush Jr.) participan en "misiones de paz".

   Dibujados los personajes y sus fobias personales, la segunda parte, El valle de las rosas, desarrolla el único y traumático lance bélico en el que se ve envuelto el grupo de soldados. Y es este más una emboscada con pocos atisbos de gloria y con escaso margen para el lucimiento o el heroísmo que un enfrentamiento real; de hecho, no hay escaramuzas, ni batalla, en sentido estricto. Emboscados en medio del desierto de forma imprevista y sin posibilidad de responder al inesperado ataque enemigo, esta segunda parte sienta las bases de la tercera y última, Hombres, en torno a la mostración de las secuelas que el ataque deja en los supervivientes, heridas infligidas en el cuerpo y en el alma que nunca desaparecerán y que estarán condenados a contemplar cada vez que se miren al espejo.

   Se da a la luz así una narración épica, sí, pero de una épica exenta de heroísmo; no por nada, tras la traumática emboscada, cobra peso la idea de que el peor enemigo no es el enemigo oficial, sino ellos mismos y los traumas que arrastran y que el desierto y la presión bélica magnifican y acaban por sacar a flote.

   La guerra, en definitiva, como metáfora de las luchas internas de cada personaje, como parte integrante de la vida, como incapacidad de aceptarse y relacionarse con los demás, como lucha frente a nosotros mismos. Un tenso tour de force del que Giordano sale, una vez más, indemne gracias a una capacidad innata para describir emociones y sentimientos difícilmente expresables para la mayoría de los escritores de su generación y que le ha valido, con solo dos novelas, ocupar un puesto destacado en el panorama literario europeo actual.

Juan Pérez Andrés

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