Viernes, 27 Junio 2014 13:56

La venus de Florencia

WARBURG Botticelli

ABY WARBURG, Sandro Botticelli, trad. Jürgen Dieffenthal, Casimiro, Madrid, 2010, 95 pp. ISBN: 978-84-938375-6-3

    Como escribe el artista, crítico e historiador del arte argentino Jorge López Anaya, cuyo artículo de 2007 publicado originalmente en La nación abre, a la manera de una introducción, el ágil libro que aquí nos ocupa, Aby Warburg (Hamburgo, 1866-1929), entre finales del siglo XIX y principios de XX, propuso una nueva y fundamental concepción de la historia del arte caracterizada, antes de nada, por la necesidad de superar los límites entre disciplinas como la historia, la filología, la psicología o la antropología. Elaborando una auténtica “ciencia de la imagen”, que lo consagraría como uno de los padres del método iconológico, Warburg superaba asimismo las ya renovadoras investigaciones de Heinrich Wölfflin, rechazando la idea de una historia del arte que se limitase a ser mera ‘historia de estilos’. En la primera década del nuevo siglo, el gran historiador llegaría a la formulación de un concepto destinado a una fortuna duradera, la fórmula emotiva o Pathosformel, “la noción de una organización atemporal de los significados, las formas y las emociones” que, atravesando “pueblos y civilizaciones”, atraviesan a la vez el tiempo desde la antigüedad a la Modernidad europea abriéndose a una dimensión mítica que ve la supervivencia de los símbolos y la persistencia de las emociones.

    Warburg realizó su formación académica –estudiando, entre otras cosas, historia del arte, arqueología y filosofía– entre 1880 y los primos años de la década sucesiva, desplazándose entre Bonn, Múnich, Florencia y Estrasburgo, al lado de maestros importantes como Karl Lamprecht, Carl Justi y Hubert Janitschek. Con este último realizó su trabajo de investigación doctoral, cuyo título es Sandro Botticellis 'Geburt der Venus' und 'Frühling'. El subtítulo del trabajo (Eine Untersuchung über die Vorstellungen von der Antike in der Italienischen Frührenaissance, ‘Investigación sobre la imagen de la antigüedad en el primer Renacimiento italiano’) nos anticipa que estamos delante de uno de los momentos de fundación del método de Warburg. Gracias a la pequeña editorial madrileña Casimiro, la disertación, publicada en alemán en 1893, se puede leer en español, en la versión de Jürgen Dieffenthal.

    Con una evidente anticipación del método que luego perfeccionaría en las obras principales, en este trabajo Warburg analiza dos obras maestras del pintor florentino Sandro Botticelli, las celebérrimas Primavera y La nascita di Venere, datables entre las dédacas de los setenta y ochenta del siglo XV. Cotejando agudamente fuentes literarias, históricas y artísticas, el estudioso individua numerosas correspondencias entre las pinturas de Botticelli y los versos del poeta florentino contemporáneo Angelo Poliziano, y muestra de tal manera cómo se actuaba en estos años una auténtica “vuelta a la vida de lo antiguo”, la cual, por supuesto, implicaba la misma familia Medici, mecenas tanto del poeta como del pintor. En palabras del autor, objetivo de este estudio es “exponer la manera en que Sandro Botticelli se acercó a la visión que su época tenía de la Antigüedad”: centrándose sobre todo en las figuras femeninas y sus vestiduras, Warburg individua, por ejemplo, en el afán por captar los movimientos de los elementos secundarios una “tendencia imperante en los círculos artísticos del norte de Italia desde principios del siglo XV”.

    En el caso de La nascita di Venere, asistimos a una representación casi puntual del nacimiento de la diosa así como lo describe el poeta en Le Stanze de messer Angelo Poliziano cominciate per la giostra del magnifico Giuliano di Pietro de Medici, el poema en octavas compuesto en memoria de Giuliano, hermano menor de Lorenzo, por la victoria en un torneo celebrado en 1475, tres años antes de la muerte prematura del joven. Por otro lado, en La primavera, un ejemplo particularmente emblématico es representado por la escena de persecución erótica que concluye el cuadro en el lado derecho. Según Warburg, las dos figuras también estarían inspiradas en Poliziano, que a su vez retoma, en su Orfeo y en Le Stanze per la giostra, la descripción ovidiana de la persecución de Dafne por parte de Apolo: la conclusión a la que llega Warburg es que Poliziano fue el “mentor” o “consejero” de Botticelli tanto en La primavera como en La nascita di Venere. Es más, los dos cuadros se complementan el uno con el otro, ya que representan dos episodios sucesivos en el relato del mito de Venus: después del nacimiento de la diosa, surgida del mar e impulsada por los céfiros hacia la orilla, vemos cómo ésta, llegada en Chipre, ya con sus ornamentos reales, es asistida por Hermes, las Gracias, Amor y Flora.

    Después de las primeras dos partes dedicadas a las dos obras de Botticelli, concluye el libro un tercer capítulo, titulado Botticelli y Leonardo, donde el autor recopila algunas pruebas, una vez más a partir de fuentes artísticas y literarias, que podrían demonstrar que la Hora de la primavera del cuadro es un retrato idealizado de Simonetta Vespucci, la amante de Giuliano de’ Medici cuya muerte, ocurrida en 1746, es mencionada por Poliziano en sus Stanze, y que sería a su vez el sujeto de un famoso retrato póstumo del mismo Botticelli. Algunos dibujos de Leonardo, conservados en la biblioteca de Windsor, nacen en este contexto y, según Warburg, se explican mejor si se hace referencia a las figuras que aparecen en el poema conmemorativo de Poliziano. En un recorrido en el que tout se tient, Warburg acompaña el lector en una imaginaria biblioteca-museo de la Florencia de finales del siglo XV.

     Enriquecido por fotos e imágenes en colores, Sandro Botticelli es un libro interesante tanto para el apasionado de historia del arte como para el lector interesando en esta fase fundamental del primer Renacimiento toscano. Al mismo tiempo, por su tamaño y su lectura placentera, este librito puede ser la mejor manera para acercarse a la obra y la investigación de un autor imprescindible.

Paolino Nappi

Domingo, 10 Noviembre 2013 17:41

Huizinga y los límites del Renacimiento

HUIZINGA El problema del renacimiento

JOHAN HUIZINGA, El problema del Renacimiento, trad. Mathias Andlau, Casimiro, Madrid, 2013, 77 pp. ISBN: 978-84-15715-29-0

Publicado en 1920, un año después de la aparición de una de sus obras más reconocidas, El otoño de la Edad Media, el breve texto que ahora nos presenta la editorial Casimiro Libros con traducción de Mathias Andlau, El problema del Renacimiento, es una muestra más de la prosa ágil, sugestiva y llena de erudición del filósofo y pensador holandés Johan Huizinga, uno de los más destacados artífices de la llamada Historia de las Mentalidades.

A escasos años, pues, de cumplirse el primer centenario de su aparición, la afirmación central que palpita a lo largo del texto, que “el problema del Renacimiento aún no ha sido analizado en todas sus vertientes”, parece no haber perdido vigencia. De hecho, da la impresión de que hace tiempo que las grandes cuestiones de la Historiografía, tales como la reflexión en torno a la génesis de los grandes períodos históricos o la idiosincrasia de las diferentes fases de la evolución cultural, cedieron terreno ante otras disciplinas que estudiaban los fenómenos culturales desde posturas más diversas, como es el caso de los cultural studies, centrados en abrir nuevos enfoques en torno a las cuestiones de género, los estudios coloniales o el variado fenómeno de la subalternidad.

Sea por este motivo o por la comodidad que supone aceptar unos postulados inamovibles que excluyen toda crítica a la hora de determinar fases y rasgos de las historia cultural europea, lo cierto es que el texto de Huizinga puede seguir sirviendo hoy en día de referencia tanto por su estilo directo, ameno y preciso, como por el contenido que plantea: la revisión del concepto que tenemos del Renacimiento y los problemas que surgen al cuestionar desde una perspectiva más abierta la exactitud de sus características definitorias.

Y es que el objetivo de Huizinga no es ni más ni menos que poner en tela de juicio esos mismos rasgos que desde finales del XIX contribuyeron a formar, tal vez de una forma excesivamente idealizada, nuestra imagen del Renacimiento. Para ello, el autor de Homo ludens parte de una doble vía: por un lado, centrando su atención en el nacimiento y desarrollo mismo del término Renacimiento desde sus primeras apariciones en textos de Lorenzo Valla o Giorgio Vasari hasta su consolidación tras la publicación de La cultura del Renacimiento de Jakob Buckhardt; por otro, relativizando dentro de un contexto bibliográfico más amplio algunas de estas presuntas características definidoras, como son el individualismo, el paganismo o la recuperación del ideal de cultura inspirado en la Antigüedad.

En ambos casos la conclusión del maestro holandés pasa por el establecimiento de tres cuestiones esenciales que, sin duda, deberían anteceder a cualquier planteamiento teórico o metodológico: ¿se puede realmente hablar de una ruptura entre la Edad Media y el Renacimiento o conviene, por el contrario, poner en tela de juicio la simplificación que supone esta división histórica?; ¿no sería recomendable, en todo caso, adoptar una perspectiva más integradora que no obviara de forma tajante los numerosos elementos medievales que perduraron hasta bien entrado el siglo XVI?; y por último, ¿tienen realmente la Edad Media y el Renacimiento un carácter tan marcadamente antitético, o tal vez la verdadera fisura no media entre la Edad Media y el Renacimiento, sino entre este y la Edad Moderna?

Piedra miliar en todo este razonamiento es, no podría ser de otro modo, el manual publicado por Jacob Buckhardt en 1860, La cultura del Renacimiento en Italia, una obra con la que “la palabra Renacimiento cobra todo su significado”.

Valorando de forma particular cada uno de los capítulos que conforman la obra y teniendo como hilo conductor algunas de sus afirmaciones, la reflexión en torno a la obra de Buckhard pasa por el cuestionamiento de la validez de, entre otros, aspectos tan cardinales como son el origen del giro renacentista en una estructura social muy concreta, la toscana, propiciadora de una valoración objetiva del Estado al tiempo que se formaba una visión subjetiva del individuo; el tantas veces proclamado desarrollo de la individualidad y el deseo de fama del hombre renacentista; la importancia de la recuperación de los modelos de la Antigüedad grecolatina y el desarrollo de un nuevo ideal de belleza; o  la adopción de una actitud subjetiva ante la religión acompañada del renacer del paganismo.

La admiración por la amplia visión que Buckhardt supo imprimir en su obra no impide a Huizinga, por otro lado, señalar desde una postura crítica los que posiblemente son sus dos peores defectos: el hecho de que no valorara con exactitud el importante poso medieval que todavía latía bajo la superficie renacentista, y la excesiva y manida limitación temporal y espacial que lastraron sus estudios sobre el Renacimiento, por lo general centrados de forma casi exclusiva en la Italia del Quattrocento. Dos defectos, sobraría quizás recordarlo, perpetuados en gran número de manuales escritos desde entonces.   

Partiendo de la base de que el Renacimiento no marcó toda la historia del siglo XVI, sino tan solo algunos de sus aspectos más relevantes y que estos, aun así, deben tomarse con cautela, Huizinga plantea con rotundidad e ilustrativos ejemplos la necesidad de una revisión de todos ellos considerando en todo momento la imposibilidad que supone reducir el Renacimiento a un único concepto. “Quien quiera ver en el Renacimiento una unidad absoluta del espíritu susceptible de plasmarse en una única fórmula, jamás llegará a comprenderlo en todas sus manifestaciones”, concluirá Huizinga.

Juan Pérez Andrés

 

Viernes, 01 Noviembre 2013 09:00

El nacimiento de la sociedad urbana

LIVERANI Uruk la primera ciudad

MARIO LIVERANI, Uruk, la primera ciudad, trad. Juan Vivanco, Bellaterra, Barcelona, 2006, 116 pp. ISBN: 84-7290-334-0

El estudio de los asentamientos que se fueron sucediendo en la ciudad mesopotámica de Uruk desde mediados del siglo V a.C. hasta inicios del segundo milenio a.C. es, sin duda, un punto de partida inexcusable para las investigaciones centradas en el nacimiento de la sociedad tal y como hoy en día la concebimos. De hecho, más allá del interés histórico que los hallazgos arqueológicos han ido progresivamente despertando a lo largo de todo el siglo XX al tiempo que se iba completando la epopeya de su más ilustre ciudadano, el héroe Gilgamesh, es evidente que la fascinación suscitada por los restos encontrados pasa necesariamente por enfrentarse, según señala el profesor Mario Liverani (Roma, 1939), a lo que puede considerarse como "uno de los hitos más significativos de la historia humana", esto es, el del origen mismo de la sociedad.

Con este deseo, y con la intención de acercar al lector un panorama global del estado de la cuestión desde una postura totalmente alejada de la catarata de fechas, nombres y cronologías habituales en los manuales de historia antigua, el profesor Liverani se plantea, partiendo de los datos conocidos hasta el momento, la reflexión en torno a las fases y mecanismos que posibilitaron, partiendo de sociedades recolectoras neolíticas, llegar al establecimiento de ciudades que como en el caso de Uruk cobijaron poblaciones superiores a las 50.00 personas.

Con este objetivo Mario Liverani parte de un primer capítulo, el titulado Historia de la cuestión, de una breve exposición de algunos de los enfoques que se han ido ofreciendo, a veces incluso de forma contrapuesta, sobre el tema, desde el innegable avance que supuso el concepto de "revolución urbana" acuñado por Gordon Childe en los años '40 (con el que se dotaba de un tono materialista y economicista a la teoría de la evolución social a partir de la idea de la "acumulación primaria del capital" y el subsiguiente control del excedente) hasta la aportación de la llamada teoría neoevolucionista, defensora de un enfoque sociopolítico de carácter continuista basado en una progresiva evolución que llevaría desde la banda de escasos individuos a la tribu organizada, pasando luego al terreno del "dominio" (chiefdom), para acabar finalmente, en algunos casos, dando lugar al estado propiamente dicho.

Tras matizar y relativizar las aportaciones de estas y otras corrientes en la configuración de una perspectiva menos sesgada y más global de tan complejo fenómeno, el deseo de "captar desde dentro el proceso cultural de Uruk y compararlo con el modelo propuesto inicialmente" lleva a Liverani en un segundo capítulo, La transformación social del territorio, a analizar la importancia que supuso la transformación del territorio mediante tres procedimientos agrícolas clave: el empleo del riego en amplias extensiones de terreno mediante un meditado sistema de acequias, el uso del arado de sembradera y del trillo con tracción animal y, por último, el empleo de hoces de barro cocido. Todos ellos, en definitiva, procedimientos de gran impacto en la productividad agrícola que propiciaron no solo la puesta en marcha de todo un conjunto de mecanismos redistributivos de riqueza y bienes en el seno de la urbe, sino también el inicio de un sistema generador de desequilibrios y desigualdad que llevó, en última instancia, a la consolidación de una superestructura ideológico-religiosa de coacción.

Esto es así porque, como señala el propio Liverani, "la sustracción de recursos a los productores (y a su consumo familiar) para dirigirlos a un uso social requiere una fuerte dosis de coerción que puede ser física (pero el uso de la fuerza es dispendioso y a la larga contraproducente) o preferiblemente ideológica. El templo era la única institución capaz de convencer a los productores de que cedieran una porción sustanciosa de su trabajo en beneficio de la comunidad y sus dirigentes, bajo la especie de sus hipóstasis divinas".

En este sentido, la consolidación de unas minorías dirigentes, el progresivo aumento de la estratificación social y la especialización laboral, así como la concentración espacial de las actividades serían, entre otros muchos, algunos de los fenómenos que no pueden desligarse de ningún modo de este incipiente sistema urbano.

Analizados estos elementos clave de tan grandes repercusiones demográficas y sociales, los dos siguientes capítulos, La administración de una economía compleja y Política y cultura del estado arcaico, redundan en la importancia que tuvo, en esta primera fase de evolución y consolidación del entramado urbano sumerio, la consolidación de sistemas de anotación y escritura cada vez más perfeccionados, así como la adopción de medidas de cálculo que midieran tanto el tiempo como la cantidad de trabajo. Así lo requerían, entre otros, la necesaria regulación del fundamental cultivo de la cebada (almacenable, transportable y fácilmente divisible en raciones diarias) o el control de los intercambios comerciales de larga distancia derivados de la carestía de materias primas como la madera, piedras duras o metales en las llanuras deltaicas del Tigris y el Éufrates. Tampoco quedaría exenta de esta necesidad de control y gestión administrativa la regulación de los diferentes servicios de protección y culto imprescindibles en tanto engranajes dispuestos para dotar de seguridad y estabilidad al sistema.

Para finalizar, el último capítulo, Centro y periferia, acaba resumiendo en pocas líneas algunas de las posturas que marcan las elucubraciones en torno a la posible relación establecida entre la cultura de Uruk y sus culturas colindantes, así como las diferentes formas en que puede enfocarse el ocaso mismo de la ciudad y su red de relaciones territoriales entre el tercer y el segundo milenio a.C.

Con todo ello, el volumen que nos presenta la editorial Bellaterra con traducción de Juan Vivanco (quien ha traducido para la editorial Crítica otros textos del profesor Liverani, como El antiguo Oriente, 2008), se erige como una sintética visión global de algunos de los problemas que suscita el estudio de esta primera sociedad urbana, investigaciones siempre susceptibles de nuevas reflexiones y matizaciones derivadas de las frecuentes e irregulares campañas arqueológicas llevadas a cabo en esta conflictiva zona.

La publicación de Uruk, la primera ciudad del profesor de Roma La Sapienza, Mario Liverani, reconocido especialista de historia de Oriente Próximo, pone a disposición del lector español uno de los textos más relevantes del autor, sumándose a los ya publicados hasta la fecha por la editorial Bellaterra, Relaciones internacionales en el próximo Oriente antiguo, 1660-1100 a.C. (2003), y Mito y política en la historiografía del Próximo Oriente antiguo (2006).

Juan Pérez Andrés

 

Lunes, 14 Enero 2013 12:09

Calasso a vueltas con Baudelaire

CALASSO la folie BaudelaireROBERTO CALASSO, La Folie Baudelaire, trad. Edgardo Dobry, Anagrama, Barcelona, 2011, 426 pp. ISBN: 978-84-339-7570-6

Con un estilo similar a su anterior obra, El rosa Tiépolo, a mitad de camino entre la novela, el ensayo y el libro de arte, Calasso vuelve a proponer en La Folie Baudelaire una obra fragmentaria y elíptica en la que, a través de impactantes destellos de erudición, evita ofrecer un constructo uniforme y orgánico en favor de un recorrido intelectual en torno a un tema central (el hecho artístico en la segunda mitad del siglo XIX francés) que no solo no agote el sentido, sino que lo abra a una reflexión alejada de los tratados de arte convencionales.

Las concomitancias con El rosa Tiépolo son evidentes si se recuerda además que en dicha obra Baudelaire es, con diferencia, el autor más veces mencionado. En cierto sentido, La Folie Baudelaire parece responder al deseo de Calasso de no pasar de puntillas sobre un autor tan influyente en el arte contemporáneo, sobre cuya importancia han disertado de forma tan dispar autores de la talla de Walter Benjamin o Jean Paul Sartre...

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