Jueves, 20 Febrero 2014 13:49

Lo que pudo ser Hispania

SCHULTEN SertorioADOLF SCHULTEN, Sertorio, trad. Miguel Carreras, Renacimiento, Sevilla, 2013, 368 pp. ISBN: 978-84-8472-787-3

Con la reciente publicación de Sertorio, del arqueólogo, historiador y filólogo alemán Adolf Schulten (Elberfeld, 1870 – Erlangen, 1960), la editorial sevillana Renacimiento prosigue de manera encomiable con su labor de recuperación de libros de referencia para el conocimiento de la historia de España. En este caso rescata la traducción de Miguel Carreras, prácticamente inencontrable hasta hoy, publicada en 1949, en la que participó el propio Schulten corrigiendo y ampliando la edición alemana de 1926.

El texto viene precedido además por un excelente estudio introductorio de uno de los grandes conocedores del mundo antiguo y romano de este país, Francisco Socas, también traductor (La naturaleza, de Lucrecio, en Gredos, e Historia verdadera, de Luciano de Samósata, en Ediciones La Piedra Lunar, son sólo algunos de sus más recientes trabajos) además de recordado profesor de latín de quien escribe estas líneas. Para terminar, un curioso y muy interesante apéndice de casi veinte páginas, Los tesoros monetarios de la época sertoriana, firmado por Felipe Mateu y Llopia, cierra el libro antes de dar paso a las más de 800 notas del autor.

Desde que en 1899 visitara España por primera vez, después de haber recorrido los escenarios históricos de Italia, Grecia y el norte de África, la vida y el trabajo de Schulten quedaron para siempre circunscritos en el ámbito de la Península Ibérica, destacando sobre todo por el buen uso de los textos griegos y latinos y por una excelente labor de campo, apoyada en su conocimiento profundo de las fuentes antiguas. Tanto es así que, como afirma F. Socas en su prólogo, puede considerársele no tanto un arqueólogo (terreno en el que demostró algunas carencias), sino un historiador de fuentes, alguien cuyo amor por la historia, su dilatada formación en la técnica filológica y su extenso conocimiento de la topografía española lo llevaron a convertirse en uno de los grandes investigadores de la Península Ibérica. Y aunque sin bien en su momento fueron bastante sonados algunos fracasos importantes, como su intento fallido de desenterrar Tartessos en las marismas de Doñana, lo más justo es reconocer su enorme contribución a la ordenación de todos los conocimientos que se tenían hasta entonces y que constituyó, sin duda, un más importante punto de partida para las investigaciones posteriores (su obra Tartessos, está reeditada también en esta misma colección “Biblioteca histórica” de Renacimiento).

En este sentido, si ya es verdaderamente notable su mérito como compilador de fuentes históricas (su monumental Fontes Hispaniae Antiquae es un referente en doce volúmenes que recoge textos antiguos y altomedievales de Hispania), allí donde Schulten sobresale más, y esta semblanza sobre Sertorio es un claro ejemplo, es en la reconstrucción de los hechos políticos y militares en los propios escenarios históricos. Para ello, recorre incansablemente los territorios tratando de recomponer in situ cómo debieron suceder los hechos, siempre con los textos clásicos en mano, sobre todo las Vidas de Plutarco y los pocos fragmentos que han quedado de las Historias de Salustio. Y no sólo como punto de apoyo, haciendo gala de una brillante capacidad de interpretación de los mismos, sino también como modelos de imitación en el sentido más clásico de la palabra. A cada poco Schulten intenta ponerse en el lugar de los protagonistas de la historia y hace esfuerzos por recrear en todo momento sus estados de ánimo, tratando de sacar de ellos una mejor comprensión de los hechos y entendiéndolos, al mismo tiempo, como un reflejo de la situación vital y política. El resultado es, en efecto, una minuciosa biografía dramatizada de Sertorio, un texto del que, como afirma el profesor Socas, “emanan los encantos de la novela histórica, sin incurrir en sus desviaciones y excesos”.

Una buena ocasión, por tanto, la que brinda al público español la editorial Renacimiento para refrescar la memoria en torno a la figura de Sertorio, algo olvidado en nuestros días, que la tradición había transmitido como un rebelde que se levantó contra el partido senatorial y nobiliario, en plena crisis de la democracia romana, y que la pedagogía franquista exaltó “como un romano cautivado por Hispania y comprometido con su libertad”, según recuerda en las páginas preliminares el propio Socas, en una evocación de sus años escolares llena de la misma gracia y magisterio con que impartía sus clases (no se pierda el lector el paralelismo, al más puro estilo plutarquiano, entre Sertorio y el propio Schulten de las últimas páginas de su introducción). Schulten, que no oculta su simpatía por el personaje, se propone cambiar estas interpretaciones. Presenta a Sertorio no tanto como el liberador de Hispania o Celtiberia, sino como el inteligente general que plantó cara a Roma desde tierras extrañas, en las que supo ganarse la confianza de sus habitantes preservando “su esencial romanidad y usando hábilmente las ansias de libertad y respeto de los indígenas” en aras de su propio interés, que era regresar victorioso a Italia.

Acaso, como advierte con gran acierto Francisco Socas, ahí precisamente radique su principal error, “no asumir del todo los deseos de independencia de celtíberos y lusitanos, sino verlos tan sólo como un camino hacia Roma”, adonde pretendía regresar una vez liberada ésta del partido aristocrático. A pesar de todo, sin embargo, del triste final que le esperaba y de que, en cierto modo, cada uno de sus pasos condujo irremediablemente hacia el nuevo régimen de la autocracia militar, tal y como puede entenderse el curso mismo de la República, su relevancia en la contribución al proceso de “romanización” de Hispania es clara, ya sea de manera indirecta o incluso involuntaria, si se quiere; al menos, en la medida en que sentó las bases para la integración y colaboración mutua entre iberos y romanos. Una de tantas paradojas o vías retorcidas por las que avanza la historia.

Juan José Tejero

 

Viernes, 01 Noviembre 2013 09:00

El nacimiento de la sociedad urbana

LIVERANI Uruk la primera ciudad

MARIO LIVERANI, Uruk, la primera ciudad, trad. Juan Vivanco, Bellaterra, Barcelona, 2006, 116 pp. ISBN: 84-7290-334-0

El estudio de los asentamientos que se fueron sucediendo en la ciudad mesopotámica de Uruk desde mediados del siglo V a.C. hasta inicios del segundo milenio a.C. es, sin duda, un punto de partida inexcusable para las investigaciones centradas en el nacimiento de la sociedad tal y como hoy en día la concebimos. De hecho, más allá del interés histórico que los hallazgos arqueológicos han ido progresivamente despertando a lo largo de todo el siglo XX al tiempo que se iba completando la epopeya de su más ilustre ciudadano, el héroe Gilgamesh, es evidente que la fascinación suscitada por los restos encontrados pasa necesariamente por enfrentarse, según señala el profesor Mario Liverani (Roma, 1939), a lo que puede considerarse como "uno de los hitos más significativos de la historia humana", esto es, el del origen mismo de la sociedad.

Con este deseo, y con la intención de acercar al lector un panorama global del estado de la cuestión desde una postura totalmente alejada de la catarata de fechas, nombres y cronologías habituales en los manuales de historia antigua, el profesor Liverani se plantea, partiendo de los datos conocidos hasta el momento, la reflexión en torno a las fases y mecanismos que posibilitaron, partiendo de sociedades recolectoras neolíticas, llegar al establecimiento de ciudades que como en el caso de Uruk cobijaron poblaciones superiores a las 50.00 personas.

Con este objetivo Mario Liverani parte de un primer capítulo, el titulado Historia de la cuestión, de una breve exposición de algunos de los enfoques que se han ido ofreciendo, a veces incluso de forma contrapuesta, sobre el tema, desde el innegable avance que supuso el concepto de "revolución urbana" acuñado por Gordon Childe en los años '40 (con el que se dotaba de un tono materialista y economicista a la teoría de la evolución social a partir de la idea de la "acumulación primaria del capital" y el subsiguiente control del excedente) hasta la aportación de la llamada teoría neoevolucionista, defensora de un enfoque sociopolítico de carácter continuista basado en una progresiva evolución que llevaría desde la banda de escasos individuos a la tribu organizada, pasando luego al terreno del "dominio" (chiefdom), para acabar finalmente, en algunos casos, dando lugar al estado propiamente dicho.

Tras matizar y relativizar las aportaciones de estas y otras corrientes en la configuración de una perspectiva menos sesgada y más global de tan complejo fenómeno, el deseo de "captar desde dentro el proceso cultural de Uruk y compararlo con el modelo propuesto inicialmente" lleva a Liverani en un segundo capítulo, La transformación social del territorio, a analizar la importancia que supuso la transformación del territorio mediante tres procedimientos agrícolas clave: el empleo del riego en amplias extensiones de terreno mediante un meditado sistema de acequias, el uso del arado de sembradera y del trillo con tracción animal y, por último, el empleo de hoces de barro cocido. Todos ellos, en definitiva, procedimientos de gran impacto en la productividad agrícola que propiciaron no solo la puesta en marcha de todo un conjunto de mecanismos redistributivos de riqueza y bienes en el seno de la urbe, sino también el inicio de un sistema generador de desequilibrios y desigualdad que llevó, en última instancia, a la consolidación de una superestructura ideológico-religiosa de coacción.

Esto es así porque, como señala el propio Liverani, "la sustracción de recursos a los productores (y a su consumo familiar) para dirigirlos a un uso social requiere una fuerte dosis de coerción que puede ser física (pero el uso de la fuerza es dispendioso y a la larga contraproducente) o preferiblemente ideológica. El templo era la única institución capaz de convencer a los productores de que cedieran una porción sustanciosa de su trabajo en beneficio de la comunidad y sus dirigentes, bajo la especie de sus hipóstasis divinas".

En este sentido, la consolidación de unas minorías dirigentes, el progresivo aumento de la estratificación social y la especialización laboral, así como la concentración espacial de las actividades serían, entre otros muchos, algunos de los fenómenos que no pueden desligarse de ningún modo de este incipiente sistema urbano.

Analizados estos elementos clave de tan grandes repercusiones demográficas y sociales, los dos siguientes capítulos, La administración de una economía compleja y Política y cultura del estado arcaico, redundan en la importancia que tuvo, en esta primera fase de evolución y consolidación del entramado urbano sumerio, la consolidación de sistemas de anotación y escritura cada vez más perfeccionados, así como la adopción de medidas de cálculo que midieran tanto el tiempo como la cantidad de trabajo. Así lo requerían, entre otros, la necesaria regulación del fundamental cultivo de la cebada (almacenable, transportable y fácilmente divisible en raciones diarias) o el control de los intercambios comerciales de larga distancia derivados de la carestía de materias primas como la madera, piedras duras o metales en las llanuras deltaicas del Tigris y el Éufrates. Tampoco quedaría exenta de esta necesidad de control y gestión administrativa la regulación de los diferentes servicios de protección y culto imprescindibles en tanto engranajes dispuestos para dotar de seguridad y estabilidad al sistema.

Para finalizar, el último capítulo, Centro y periferia, acaba resumiendo en pocas líneas algunas de las posturas que marcan las elucubraciones en torno a la posible relación establecida entre la cultura de Uruk y sus culturas colindantes, así como las diferentes formas en que puede enfocarse el ocaso mismo de la ciudad y su red de relaciones territoriales entre el tercer y el segundo milenio a.C.

Con todo ello, el volumen que nos presenta la editorial Bellaterra con traducción de Juan Vivanco (quien ha traducido para la editorial Crítica otros textos del profesor Liverani, como El antiguo Oriente, 2008), se erige como una sintética visión global de algunos de los problemas que suscita el estudio de esta primera sociedad urbana, investigaciones siempre susceptibles de nuevas reflexiones y matizaciones derivadas de las frecuentes e irregulares campañas arqueológicas llevadas a cabo en esta conflictiva zona.

La publicación de Uruk, la primera ciudad del profesor de Roma La Sapienza, Mario Liverani, reconocido especialista de historia de Oriente Próximo, pone a disposición del lector español uno de los textos más relevantes del autor, sumándose a los ya publicados hasta la fecha por la editorial Bellaterra, Relaciones internacionales en el próximo Oriente antiguo, 1660-1100 a.C. (2003), y Mito y política en la historiografía del Próximo Oriente antiguo (2006).

Juan Pérez Andrés

 

Utilizamos cookies para facilitar el uso de nuestra página web. Las cookies son pequeños ficheros de texto que su navegador almacena en el disco duro de su ordenador y que son necesarias para utilizar nuestra página web. Las utilizamos para entender mejor la manera en la que se usa nuestra página web y de esta manera poder mejorar consecuentemente el proceso de navegación. Las cookies son el referente que nos indica, por ejemplo, si una página de nuestra web ha sido vista con anterioridad, o si su visita es nueva o recurrente. Las cookies que utilizamos no almacenan datos personal alguno, ni ningún tipo de información que pueda identificarle. En caso de no querer recibir cookies, por favor configure su navegador de Internet para que las borre del disco duro de su ordenador, las bloquee o le avise en caso de instalación de las mismas.