CORNIA Sobre la felicidad a ultranza

UGO CORNIA, Sobre la felicidad a ultranza, trad. F. de Julio Carrobles, Periférica, Cáceres, 2011, 174 pp. ISBN: 978-84-92865-27-7

UGO CORNIA, Casi amor, trad. F. de Julio Carrobles, Periférica, Cáceres, 2012, 171 pp. ISBN: 978-84-92865-67-3
 
Con sus dos primeras novelas, Sobre la felicidad a ultranza y Casi amor, el escritor Ugo Cornia (Módena, 1965) inició una exitosa trayectoria literaria luego continuada por títulos como Le storie di mia zia (e di altri parenti) o Autobiografia della mia infanzia, todas ellas obras caracterizadas por una prosa sencilla solo en apariencia, en la que la narración en torno a significativas vivencias propias y la atención a sucesos, personajes y ambientes cotidianos revelan una visión aguda y tremendamente personal de la realidad.
Viernes, 28 Febrero 2014 06:41

La huella indeleble del dolor

GIORDANO El cuerpo humano

PAOLO GIORDANO, El cuerpo humano, trad. Patricia Orts, Salamandra, Barcelona, 2013, 352 pp. ISBN: 978-84-9838-503-8

    La serie de fotos de los soldados americanos de Lalage Snow, We are not dead, tomadas antes, durante y después de su paso por el reciente conflicto armado de Afganistán, sería un ilustrativo complemento a la esperada segunda novela del escritor italiano Paolo Giordano, El cuerpo humano (Salamandra, trad. Patricia Orts, 2013), publicada cinco años después de su arrollador debut literario, La soledad de los números primos.

    Y es que este tema, el de las secuelas físicas y psíquicas de la guerra en un grupo de soldados occidentales en Oriente Medio, configura el nudo central sobre el que gira este segundo título. En este sentido, la cita inicial de E. M. Remarque ("Y aunque nos devolvieran este paisaje de nuestra juventud, ya no sabríamos bien qué hacer con él") y el macondiano arranque de la narración ("En los años que siguieron a la misión, cada uno de los muchachos se esforzó para que su vida se volviera irreconocible, hasta que los recuerdos de la otra, de la existencia anterior, quedaron impregnados de una luz falsa") no solo no dejan ningún lugar a dudas del nudo temático sobre el que gravitan los sentimientos y acciones de los personajes, sino que plantean desde el inicio un cierto clima de tragedia que tarde o temprano acabará por materializarse.

   Para ello, con las herramientas de una prosa emotivamente directa que pone una vez más en evidencia las grandes dotes de introspección, concisión y empatía de Giordano con sus personajes (como los fragmentos especialmente densos en los que se muestran las reflexiones en primera persona del médico de la misión, el teniente Alessandro Egitto), la novela se organiza justamente en tres partes correspondientes a estos tres momentos: el antes, el durante y el después de una misión de paz llevada a cabo por un grupo de soldados italianos en Afganistán.

   Así, la primera de ellas, la más extensa, Experiencia en el desierto, se centra en los momentos previos a la toma de contacto directo con la guerra. En ella, demostrando la gran capacidad de Giordano para sacar partido a los más mínimos detalles para bucear en los instintos y sentimientos de los personajes presentando las intimidades, dudas y complejos de los diferentes soldados, la novela gira en torno a la despersonalización de cada uno de ellos en un ambiente hostil, el desierto, en el que la rutina e incomodidad de la tropa acaban por sacar lo mejor y peor de todos ellos. Ante estas páginas de presentación y preparación del clímax central en las que se encadenan a cada poco frases como "viendo lo que sucedió después", el lector tiene claro que este proceso de introspección no hace más que preparar el clímax fatal que espera a los personajes y al que de forma ineludible se encamina la narración. Alejados de cualquier honor, los pasatiempos con los que se entretienen los soldados en el campamento (como las bromas y humillaciones al infeliz soldado Mitrano) acaban por desvelar no solo la trastienda más oscura de nuestra psique, sino la escasa preparación de esos pobres salvadores del mundo que (por seguir el oxímoron tan en boga en tiempos de George Bush Jr.) participan en "misiones de paz".

   Dibujados los personajes y sus fobias personales, la segunda parte, El valle de las rosas, desarrolla el único y traumático lance bélico en el que se ve envuelto el grupo de soldados. Y es este más una emboscada con pocos atisbos de gloria y con escaso margen para el lucimiento o el heroísmo que un enfrentamiento real; de hecho, no hay escaramuzas, ni batalla, en sentido estricto. Emboscados en medio del desierto de forma imprevista y sin posibilidad de responder al inesperado ataque enemigo, esta segunda parte sienta las bases de la tercera y última, Hombres, en torno a la mostración de las secuelas que el ataque deja en los supervivientes, heridas infligidas en el cuerpo y en el alma que nunca desaparecerán y que estarán condenados a contemplar cada vez que se miren al espejo.

   Se da a la luz así una narración épica, sí, pero de una épica exenta de heroísmo; no por nada, tras la traumática emboscada, cobra peso la idea de que el peor enemigo no es el enemigo oficial, sino ellos mismos y los traumas que arrastran y que el desierto y la presión bélica magnifican y acaban por sacar a flote.

   La guerra, en definitiva, como metáfora de las luchas internas de cada personaje, como parte integrante de la vida, como incapacidad de aceptarse y relacionarse con los demás, como lucha frente a nosotros mismos. Un tenso tour de force del que Giordano sale, una vez más, indemne gracias a una capacidad innata para describir emociones y sentimientos difícilmente expresables para la mayoría de los escritores de su generación y que le ha valido, con solo dos novelas, ocupar un puesto destacado en el panorama literario europeo actual.

Juan Pérez Andrés

FERRERO El ultimo viaje

ERNESTO FERRERO, El último viaje del capitán Salgari, trad. Elena Rodríguez García, Ático de los Libros, Barcelona, 2011, 240 pp. ISBN:978-84-938595-9-6 

A un escritor que lleva de continuo a sus lectores por parajes exóticos de las Antillas o Malasia, que llena miles de páginas con las fantásticas aventuras de aguerridos piratas y fascinantes personajes como Sandokán, Yáñez o los tigres de Mompracem, y que basa sus tramas en lances de arriesgados filibusteros, tesoros perdidos, naufragios pintorescos y esforzados abordajes, es difícil que no se le presuponga una vida repleta de las mismas aventuras y experiencias que leemos en sus novelas.

Quienes así piensen y no conozcan la vida de Emilio Salgari (Verona, 1862 – Turín, 1911), tal vez se sorprendan al saber que no hay nada más lejos de ese estereotipo que la vida sencilla, rutinaria y desgraciada del prolífico escritor italiano. Y lo podrán saber con detalle gracias a dos libros publicados ahora en castellano al calor del primer centenario de su trágica muerte: la autobiografía Mis memorias (trad. de Vicente Corbi, Renacimiento, Sevilla, 2012, con prólogo de Fernando Savater) y la aún más interesante El último viaje del capitán Salgari del turinés Ernesto Ferrero (trad. de Elena Rodríguez, Ático de los libros, Barcelona, 2011).

En ambas el lector se acabará llevando una misma imagen final: la del escritor, “galeote de la pluma”, que pese al enorme éxito de sus novelas y a su notoria fama, arruinado y estafado por sus editores, debe permanecer atado a su mesa de trabajo escribiendo infatigablemente para poder dar de comer a su familia y a su mujer enferma mientras se acumulan las deudas y la miseria.

“Que estas palabras sirvan de testamento: nada poseo, nada puedo dejaros; solamente mi recuerdo…” escribirá en una de las tres notas que dejará a sus hijos un día antes de su suicidio, el 25 de abril de 1911.

A lo que cabe añadir el simbólico “Os saludo rompiendo la pluma. Emilio Salgari” que escribirá en una segunda nota destinada a sus huraños editores, esos que “que os habéis enriquecido con mi piel, manteniéndome a mí y a mi familia en una continua semimiseria o aún peor”, a quienes “sólo os pido que en compensación por las ganancias que os he proporcionado, os ocupéis de los gastos de mis funerales”.

El descubrimiento del cuerpo del autor en el cercano monte de Val de S. Martino, el lugar que eligió para llevar a cabo el viejo ritual del seppuku al que le llevó la insufrible penuria económica y el ingreso de su amada mujer Ida en un hospital psiquiátrico, es, de este modo, el capítulo final de Mis memorias, pero también el inicio del que sirve Ferrero para arrancar su novela.

Este es el único nexo en común de dos obras muy distintas en las que se intuye el deseo de ambos autores de alejarse de las intenciones iniciales para acabar completando un relato totalmente distinto a lo planeado. Pues mientras Mis memorias apenas puede tildarse de biografía dado el enorme peso que cobra una exigua aventura marina que Salgari se encarga de magnificar hasta ocupar prácticamente todo el relato (cuando en realidad en toda su vida no llegó a hacer más que un par de travesías por las costas italianas), en el segundo, Ferrero parte de una novela que acaba al final leyéndose como un relato biográfico.

Porque al tratar la figura de Salgari, Ferrero no pretende hacer solo una biografía, ni una simple novela, ni trazar una mera semblanza al uso del escritor, sino que pretende abarcar todos estos aspectos sin perder de vista ninguno de ellos.

Sin duda, pocos autores pueden ser capaces de lograrlo con la delicadeza y maestría con que lo hace Ernesto Ferrero (Turín, 1938), un autor prácticamente desconocido en España con una obra singular que abarca desde libros de memorias como I migliori anni della nostra vita, publicada por Feltrinelli en 2005 (un “romanzo con personaggi veri” escrito en recuerdo de sus años como director literario y editorial de Einaudi, labor que continuó luego en Garzanti y Mondadori), pasando por sus agudos estudios de la obra de autores como Carlo Emilio Gadda, Calvino o Primo Levi, para acabar en las últimas décadas como novelista de éxito con títulos como N (publicada en 2001 por Tusquets con traducción de Atilio Pentimalli) o la más reciente La misteriosa storia del papiro di Artemidoro.

Vinculado a la literatura desde inicios de los sesenta y habituado a codearse desde que tenía algo más de veinte años con las más grandes figuras que desfilaron por la casa Einaudi, como Elio Vittorini, Norberto Bobbio, Primo Levi, Giulio Bollati o Natalia Ginzburg, no es de extrañar que este enfermo de la literatura escogiera a Salgari, otro enfermo de la literatura, como objetivo para una novela.

Por lo demás, el perfil de este Salgari crepuscular, envejecido, aquejado por las deudas y prolífico trabajador por necesidad, queda en la novela de Ferrero perfilado ya desde los primeros encuentros con su joven vecina Angiolina, una de las múltiples voces que de tanto en tanto roban protagonismo al narrador y que sirven para acercarnos, como un caleidoscopio, diferentes visiones del escritor.

Así, un breve texto del periodista napolitano Antonio Casulli, la carta que éste recibe de Ida Salgari, un breve escrito de su hijo Omar de diez años o las declaraciones del doctor Teresio Chiabotti, médico del sanatorio al que llevan a Ida, son, además de las múltiples entradas del diario de Angiolina en las que ésta narra sus encuentros con el escritor, algunos de los recursos que Ferrero pone en práctica para enriquecer su relato y ofrecer una imagen más completa de uno de los escritores más veces editado y leído de la literatura universal.

“Se escribe para vivir muchas vidas” le dirá a la joven Angiolina. Todas las que él no pudo vivir.

 

 Juan Pérez Andrés

 

Lunes, 04 Noviembre 2013 13:58

El delicado paso del tiempo

RIGONI STERN EstacionesMARIO RIGONI STERN, Estaciones, trad. César Palma, Pre-Textos, Valencia, 209, 152 pp. ISBN: 978-84-8191-987-5

El 30 de octubre de 2007, al finalizar la emisión en directo del espectáculo teatral Il sergente de Marco Paolini, los telespectadores italianos tuvieron ocasión de ver por última vez a un anciano Mario Rigoni Stern que, rodeado por un público mayoritariamente joven, agradecía con sentidas palabras a los presentes la calurosa ovación con que habían recibido la adaptación de su celebrada novela Il sergente nella neve.

Desgraciadamente, la voz de Rigoni Stern se apagaría meses después dejando en sus lectores el recuerdo de esa última imagen de humilde testigo del pasado venido de épocas lejanas, justo en el momento el que el reconocimiento le llegaba tanto de las numerosas reediciones de sus novelas como de la notable difusión que venía gozando el documental dirigido unos años antes por Carlo Mazzacurati (Ritratti: Mario Rigoni Stern, ed. Fandango Libri, 1999).

Autor venerado en Italia e inexplicablemente desconocido hasta hace poco entre los lectores españoles, debemos a la editorial Pre-Textos que podamos disfrutar, de entre la veintena de títulos aparecidos desde su primer Il sergente nella neve en 1953, de tres de las obras más significativas de su producción: la ya mencionada El sargento en la nieve (Pre-Textos, 2007), Historia de Tönle (Pre-Textos, 2004; Storia di Tönle, premio Campiello en 1978) y su última obra, Estaciones (Pre-Textos, 2009; Stagioni, publicada en 2006, dos años antes de su desaparición), todas ellos con traducción de César Palma.

Si bien la primera de ellas, de corte autobiográfico, sobre la dolorosa retirada del frente ruso de los soldados alpinos italianos en el invierno de 1943, acabó por identificar para muchos lectores a Rigoni Stern como uno de los muchos escritores memorialistas volcados en plasmar las duras condiciones del pueblo italiano durante y después de la II Guerra Mundial, lo cierto es que su poética no se agota, ni mucho menos, con esta faceta, tal vez la más reconocida y aplaudida de su producción.

De hecho, en su siguiente libro, Il bosco degli urogalli (1962), Rigoni Stern incorporaría una segunda veta mucho más personal que marcaría definitivamente su narrativa: la de las reflexiones suscitadas por la vuelta a su tierra natal (el Altiplano de Asiago, a caballo entre las regiones del Véneto y el Trentino-Alto Adige) en obras caracterizadas por una prosa detallada y sensible en las que el foco de la narración lo ocupa la descripción minuciosa del paisaje montañés a partir de una delicada y sincera observación de la naturaleza.

No siendo, ni mucho menos, un escritor compulsivo, la prosa de Rigoni Stern tenderá cada vez más, desde ese momento, hacia una cuidada prosa volcada en la simplicidad de las descripciones, siempre precisas y evocadoras, del que conoce y ama la tierra en la que vive. Esta vuelta al terruño como eje narrativo, presente también en contadas páginas de su breve incursión en la novela histórica que supuso Historia de Tönle (1978), en torno a las agitadas vivencias de un solitario montañés a caballo entre los siglos XIX y XX, lejos de ser, en palabras de Gianluca Cinelli, "una regresión irracional al mito edénico, sino descubrimiento de una forma de vivir inspirada en el respeto a los demás y al uso compartido del mundo y sus recursos", irá ocupando cada vez un espacio mayor en sus textos hasta erigirse en tema central de su última obra, Estaciones.

De hecho, la temática bélica tan presente en él (retomada desde una óptica memorialística y sumamente personal en muchas otras ocasiones, como en Ritorno sul Don, 1973, o Sentieri sotto la neve, 1998), aunque presente también de forma puntual en Estaciones, acaba por dejar paso aquí a una línea más íntima todavía si cabe, en la que, en la distancia que dan los años, la narración la ocupa la peculiar voz del anciano autor combinando a la perfección los detalles autobiográficos, la emotiva evocación de los seres queridos (impagables las páginas de la visita al cementerio) y la sensible descripción del paisaje alpino.

Dividida en cuatro partes dedicadas a las distintas estaciones, el ritmo de la prosa viene marcado por la presencia de seres, sensaciones, recuerdos y vivencias asociadas a cada una de ellas, desde la nieve presente en el paisaje invernal con que arranca la novela (evocadora de otra nieve, la de la rivera del Don en el trágico frente ruso), pasando por la vuelta de la abubilla y el aguzanieves que anuncian la cercana primavera en que se recuerdan los juegos de infancia y las postales que su abuelo le hacía enviar al Jefe de las Golondrinas para anunciarle el fin de las nieves, hasta la descripción del bosque en verano y las historias de caza en otoño.

Historias de polenta recién hecha, de corzos perdidos en los lindes del bosque, de pistas dejadas por el esquivo urogallo en el borde del camino, pero también de duros montañeses constreñidos a emigrar al norte cada año tras el deshielo y de pastores solitarios en cuyas ásperas manos nacen los más sabrosos quesos de cabra. Y todo ello con la conciencia de ser, no tanto un novelista, sino uno de esos últimos narradores orales encargados ante su auditorio de traer del olvido palabras, ritmos y experiencias casi olvidados, tan alejados, por desgracia, de los tempos y ritmos que imponen la modernidad.

Transmisor de un mundo abocado irremediablemente a la extinción, duro y noble al mismo tiempo, Rigoni Stern quiso dejar como último regalo a sus lectores este inestimable testimonio de prosa delicada y sentida en la que el corazón late bajo cada palabra. Delicadeza y sentimiento que, pese a la dificultad que entraña, la traducción de César Palma ha sabido mantener y conservar en esta preciosa novela.

Juan Pérez Andrés

 

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