Miércoles, 23 Enero 2013 20:01

Revista n.2

Zibaldone. Estudios Italianos / vol. I, issue 2, julio 2013 (nº2)

Descarga el número completo (PDF)

portada2

 

Pensieri di varia filosofia e di bella letteratura

 

Dossier Mundo partisano

 

Piccolo zibaldone

 

Traducciones

83.  GIACOMO DEBENEDETTI, 16 ottobre 1943 / Otto ebrei (fragmento)
86.  RENATA VIGANÒ, L'Agnese va a morire (fragmento) 
91.  NUTO REVELLI, La guerra dei poveri (fragmento)
101. BEPPE FENOGLIO, El partisano Johnny (fragmento)
 
 
 

CAPRONI Poesia escogidaGIORGIO CAPRONI, Poesía escogida, trad. J.C. Reche y J.A. Bernier, Pre-Textos, Valencia, 2012, 232 pp. ISBN:  978-84-15297-88-8

“A veces / el corazón me sube a la garganta si pienso / en cuánto he perdido (…) / Pero yo no me rindo. Aún / no me he perdido. / No estoy del todo solo / cuando estoy conmigo”, nos dice el poeta en el soberbio poema Palabras (tras el éxodo) del último de Moglia.
La concepción de la poesía como memento del instante vivido, como fiel asidero ante una realidad que huye a cada segundo frente a nuestros ojos, como testigo del paso del tiempo que nos condena a esa nostalgia acechante que nos corroe cada vez que, cuando ya se han ido todos y nos hemos quedado solos en medio de la habitación vacía, no nos queda más que el leve poso de la memoria desvaneciéndose lentamente entre las manos… esste es, probablemente, uno de los cauces por los que discurre gran parte de esta interesante antología bilingüe de Giorgio Caproni (Livorno, 1912 – Roma, 1990). Publicada por la editorial Pre-Textos con traducción de Juan Carlos Reche y Juan Antonio Bernier el año en que se cumplió el centenario del nacimiento del poeta, esta antología es una más que inestimable oportunidad para conocer la labor creativa de este singular poeta livornés, pasados ya algo más de veinte años desde su desaparición y a más de una década desde que Huerga y Fierro publicara una primera selección de sus poesías en castellano.
Una valiosa muestra, por tanto, de la trayectoria de un autor que, como señala Juan Carlos Reche en el esclarecedor prólogo, “nadaba a contracorriente del hermetismo” al tiempo que “descreía también del neorrealismo”, dando forma, en este camino intermedio alejado de modas y posturas a priori, a una escritura totalmente personal en la que la aparente sencillez y cercanía de los poemas no excluye, más bien se diría lo contrario, una significativa intensidad poética.
“Y qué dulce / por un instante / demorarse en el tiempo / de este día ya ido / en tantas y tan variadas guerras, / ya vencido”.
Es cierto que la poesía para Caproni no responde a una metafísica abstracta trazada sobre la palabra misma, al igual que tampoco cede ante el más fácil recurso de un realismo exacerbado; el poeta, en una comprometida estética personal ajena a gustos y corrientes, supo dejar de lado las dos grandes líneas por las que discurrió la poesía italiana desde los años treinta hasta la posguerra sin renunciar por ello a absorber la esencia de ambas tendencias: el cuidado de la palabra y el genial manejo de los vacíos de los herméticos, y el gusto por el detalle banal y la cotidianeidad de los neorrealistas. Perteneciente a la llamada “generación de en medio”, la de Attilio Bertolucci o Mario Luzi -todos ellos nacidos, como él, en la segunda década del siglo XX-, en Caproni los poemas se orientan siempre al establecimiento de un delicado equilibro de palabras sencillas, cotidianas, que permitan transmitir, mediante la evocación de unas pocas pero determinantes sensaciones y emociones, una breve instantánea de un momento concreto e inasible. El objetivo es, siempre, fijar en la memoria mediante pocos y significativos detalles (un olor, un fragmento de paisaje, el vuelo de un pájaro…) la fugacidad de un suceso significativo al que acaba por ligarse de forma indisoluble el estado de ánimo del poeta.
Destacable también es el hecho de que los poemas, planteados a partir de estos escasos pero sutiles detalles que apenas dejan vislumbrar la anécdota en la que se enraiza el momento evocado, vienen siempre marcados por un acertadísimo ritmo interno (mantenido en gran medida en la traducción, tarea harto compleja) lo que se logra mediante la alternancia de versos de diferente longitud y sencillos recursos como la aliteración, la paronomasia, el poliptoton y los huecos entre versos.
Los poemas, independientemente de su longitud y molde estrófico escogido (Caproni combina una variadísima gama de estrofas, desde poemas de tres versos cercanos al haikú, a poemas narrativos extensos), dan además siempre la sensación de ser completos, de responder a una sensibilidad común dentro de un marco superior, el poemario, en el que se suceden como los compases de una breve sinfonía.
Esta es la impresión que dejan los poemas tomados de sus primeros libros de los años treinta: Come un’allegoria, Ballo a Fontanigorda, Finzioni y Cronistoria. Efectivamente, en ellos se observa, ya desde los primeros compases, el deseo de centrar la atención en unos pocos pero significativos detalles del paisaje que sirvan, ni más ni menos, que para asir un recuerdo que, de otro modo, sin la ayuda del poema, acabaría definitivamente escapándosele al poeta. Las composiciones, de una significativa brevedad y una escasa pero efectiva adjetivación, se convierten así en una especie de dietario de un “ahora” en constante huida del presente que se vuelve ya pasado en el mismo instante en que sucede. Se impone, pues, un acercamiento a la poesía entendida como utilísima herramienta frente a la fugacidad del tiempo y el olvido (“Tras los cristales, en el reflejo / del cielo con sus vencejos / más tenue, / para mí ya secreta / silenciosa te empañas / igual que la memoria”); el poema en tanto cuaderno en el que anotar ese instante digno de recuerdo (“Voces y canciones borra / la brisa: el fuego se extinguirá. / Pero yo siento aún / fresco en mi piel el viento / de la muchacha que pasó a mi lado / a la carrera").
De este modo, el paso cercano de la que es tal vez la amada, la fugaz visión de una mujer tras la ventana, el aliento acalorado de unos chavales que juegan o la risa de unas muchachas apenas oída… son otros tantos momentos que dejan en el aire una emoción particular y concreta que requiere, para poder ser convocada en el poema, de esos pocos elementos significativos que sitúen sus coordenadas y permitan su exacta evocación: apenas un prado de marzo entrevisto tras la lluvia, el atardecer junto a la iglesia perdida, un amanecer en la colina…
"De la risa de las mujeres, / una espuma vaga / blanca sobre las algas y un fresco / viento que sala el rostro permanece".
Si estas son las líneas por las que se mueve su primera producción, los títulos del segundo período escritos ya en los cuarenta y cincuenta (Il passaggio d'Enea, representado con una única y soberbia composición, I Lamenti, III, dedicada a su padre muerto, o el poemario Il seme del piangere) suponen un cambio tanto formal, como temático, al situar los poemas en su Livorno natal y dando entrada al espacio biográfico real y determinado del poeta. Frente a la relativa atemporalidad y el anonimato de los poemas anteriores, el acercamiento a lugares concretos lleva en estos títulos también emparejado el predominio de un tú apostrófico que remite a personas determinadas, siendo el caso más evidente la mención a su madre, Anna Picchi, a cuya evocación se dirigen la mayoría de los poemas del volumen Il seme del piangere.
También aquí la búsqueda de la sencillez expresiva (la necesidad de escribir “rimas claras (…) no crepusculares, / sino verdes, elementales”, según nos dice en Per lei) se hace patente en cada verso, siendo especialmente notable a partir de Il muro della terra, el título que abre su tercer período, marcado por una cadencia más prosaica en la que con frecuencia el ritmo viene dado por la palabra misma y la rima interna en base a repeticiones, anáforas y aliteraciones.
Esta incansable búsqueda de un tono cada vez más personal y meditativo en el que la inicial plasmación del recuerdo en medio de un paisaje rural y la evocación paterna en un ambiente urbano acaba por dar lugar a una visión centrada en una introspección, no puede menos que recordar por momentos la voz y el tono de los poetas españoles de los cincuenta (v.gr. A. González, C. Sahagún…)
Clímax de este proceso de interiorización e introspección es la erección de la soledad en tanto tema central de esta última etapa, una soledad a la que se ve abocado el poeta después de la marcha del resto de los habitantes de la aldea como consecuencia directa de la guerra. Como sucedía también anteriormente, al dejar de lado la anécdota concreta sobre la que se sustentaba el poema, también aquí Caproni escamotea al lector el conflicto bélico, pasando este a ser un telón de fondo constante que, de forma indirecta, acaba por colarse en el poema no en su mostración directa, sino en la huella que ha ido dejando en el poeta: “Un hombre solo, / encerrado en su cuarto. / Con todas sus razones. / Con todos sus entuertos. / Solo en un cuarto vacío, / hablando. A los muertos”. Estos poemas, de una fuerza expresiva y una maestría indudables tanto temática como formalmente, pueden considerarse con razón como los más sentidos y directos de toda la antología.
Esta alternancia de poemas más narrativos, combinados con poemas brevísimos que condensan toda una experiencia vital en sus últimos títulos (como es el caso de Il franco cacciatore, Il conte di Kevenhüller y Versicoli del contracaproni) marcan, por último, el deseo de Caproni de reducir los poemas, en la fase final de su trayectoria, a una mínima esencia significativa.
“Las palabras. Ya. / Disuelven los objetos. / Como la niebla los árboles, / y el río el velero”.
Como un árbol que va perdiendo paulatinamente sus hojas, el poema acaba por quedar en manos de Caproni reducido a una mínima expresión significativa (“Y qué dulce / Por un instante / Demorarse en el tiempo / De este día ya ido / En tantas y tan variadas guerras, / Ya vencido”) dando de este modo su última lección de maestro del lenguaje, del ritmo y del silencio… lo que viene a ser, en definitiva, la mejor definición de la palabra poesía.
 
Por Juan Pérez Andrés
 Zibaldone. Estudios italianos, vol. I, issue 2, julio 2013 (nº2)
 
 
LA RESISTENZA, ENTRE MEMORIA Y REVISIONISMO
The Resistance, between memory and revisionism
 
MASSIMILIANO VELLINI
Valencia, España
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 

La Resistenza es sin duda un momento clave de la historia italiana del siglo XX. Pero, a pesar de haber sido narrada en muchas obras tanto literarias como en ensayos, aún hay detalles e historias que quizás no sean conocidas por el público no especializado. Además, sobre todo en los últimos años, ha habido cada vez un mayor número de obras de periodistas o historiadores que han dado del movimiento una visión bastante alejada de la tradicionalmente dominante. En este artículo queremos dar una idea de estos episodios menos conocidos de la Resistenza partigiana y de la diatriba entre diferentes visiones de la misma.

The Resistance is, without doubt, a relevant moment of the Italian history of the 20th century. But, although it has been told in many literary works and essays, there are a lot of details and stories that are still not very well known by common readers. Above all, an increasing number of works written by journalists and historians have appeared during these last years, offering a vision of the movement quite far from the traditional one. Our scope in this article is to give a proper focus of some aspects not very well known of partisan fight as well as the debate produced in the confrontation of some different perspectives.

 
Palabras clave: Resistenza, Partisanos, Revisionismo, R. de Felice, Antifascismo
Keywords: Resistance, Partisans, Revisionism, R. de Felice, Antifascism
 
Fecha de envío: 18 de mayo de 2013
Fecha de aceptación: 28 de junio de 2013
 
MASSIMILIANO VELLINI es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Pavia. Realizó la tesis doctoral, sobre la Filosofía de la Política, con el profesor Salvatore Veca.
 Zibaldone. Estudios italianos, vol. I, issue 2, julio 2013 (nº2), pp. 11-16
 
 
 

Piero Bevilacqua

LA HISTORIA ENTRE VERDADES 'DISCUTIBLES' Y MERCADO DE LAS NOTICIAS

 

Creo que el argumento central, el tema-guía de este volumen -y evidentemente también el objeto principal de nuestra discusión- queda expresado en el subtítulo del libro Vero e falso. L’uso politico della storia (Donzelli, 2008). Yo, que no soy estudioso de la antigüedad como Luciano Canfora[1], creo también que se trata de un problema tan antiguo como las sociedades humanas. Y sobre ello quiero introducir un recuerdo personal, imitando así a una de las autoras del libro, Maria Grazia Pastura, que en su ensayo ha presentado recuerdos personales muy sugerentes y adecuados.[2] La primera vez que reparé en el uso político de la historia fue exactamente en referencia al mundo antiguo. De joven, cuando era estudiante universitario, estaba preparando el examen de Historia Romana en la Facultad de Lettere de la Sapienza con Santo Mazzarino y me deslomaba con los dos volúmenes de Il pensiero storico classico.[3] Y digo “me deslomaba” porque quien conoce esta gran obra sabe que es una inaccesible montaña de erudición en la que uno se puede perder y que, sobre todo, es hostilmente inadecuada como texto de examen.

Bien, fue en aquella ocasión cuando quedé sorprendido al leer, en las páginas de Mazzarino, que algunas grandes familias romanas -la gens Julia o la gens Flavia, por ejemplo- promovían la elaboración de historias que tomaban como origen los míticos héroes epónimos; narraciones elaboradas por evidentes razones políticas, esto es, para dotar de orígenes ilustres, blasones y poder a las familias más prestigiosas de la sociedad romana. Fue este mi primer descubrimiento intelectual de un “uso político de la historia”. Una práctica antigua, por tanto, como bien ilustra Canfora con muchos otros ejemplos.

Quiero recordar que este uso antiguo, este permanente recurso en las sociedades humanas, de la manipulación de la historia para fines políticos, fue reiterado en 1972 por Hannah Arendt. La pensadora alemana, en un texto de título La mentira en política: Reflexiones sobre los Documentos del Pentágono[4] -en el que reconstruía las razones que fundamentaban la declaración de guerra de Los Estados Unidos contra Vietman- recordaba casi con rabia que “la mentira y la deliberada negación de la verdad fáctica usadas como instrumentos legítimos para la obtención de fines políticos nos han acompañado desde el inicio de la historia escrita”.[5]

Estamos, por tanto, ante un hecho “eterno”. Pero Arendt añade, un poco más adelante, una reflexión que nos introduce en un elemento de especificidad destinada a connotar de manera original nuestro tiempo. Escribe Arendt: “la manipulabilidad humana se ha convertido en una de las mercancías principales vendidas en el mercado de la opinión pública culta”.[6] Esta nota es para nosotros de evidente interés porque en este caso no nos ilustra simplemente un fenómeno consueto que recorre de manera constante la historia milenaria de la sociedad. Arendt no se limita a denunciar la práctica, en cierto modo eterna, de la manipulación que los poderes dominantes cumplen de los hechos, su representación y su transmisión. La autora denuncia y señala un fenómeno completamente nuevo: el nacimiento de una opinión pública dotada de peso político y fácilmente influenciable. Y la llegada del mercado de las noticias, componente de la industria cultural y nuevo inmenso laboratorio de la manipulación por parte de los poderes dominantes de nuestra época. Tal novedad, evidente respecto al pasado, no ha sido solamente ofrecida y representada por la entrada en escena del periodista, aunque sí constituye un hecho nuevo, como subraya en su contribución Andrea Del Col, quien profundiza útilmente en este aspecto.[7] En el periodista que hace de historiador y en el historiador que hace de periodista, se mezcla hoy una nueva figura, muy activa como sabemos, en la escena pública y en el mercado de las opiniones. Pero creo que es obligatorio permitir a tales novedades al menos un guiño a las “grandes transformaciones” que han fundado todas las demás. Se trata de una mutación de carácter estructural, un resultado general del capitalismo contemporáneo. En la fase actual, los estudios históricos (e incluso algunos otros) se encuentran frente a un reto: “la transformabilidad de la memoria y de la historia en mercancía de la industria cultural”.

Esta es la novedad fundacional del escenario actual. Nos encontramos frente a una mutación del orden, inicialmente económico, que imprime un carácter bulímico y compulsivo a lo que nosotros llamamos “revisionismo”. Las verdades aclaradas y generalmente confirmadas y aceptadas históricamente son mercancías que se quedan rápidamente obsoletas en el mercado cultural. No se venden fácilmente, es más, ya no se venden: es necesario, por tanto, manipularlas, hacerlas novedosas, sensacionales, para encontrarles nuevos compradores. Si se quiere vender, y la industria impone vender, ¡no se pueden ofrecer al cliente los stocks! Por otra parte, es evidente que las verdades históricas se parecen cada vez más a las noticias, o a las news, por usar un término anglófono que, en este caso, es más adecuado. Y las news, por definición, tienen que ser siempre nuevas, cada día diferentes. En cambio una verdad histórica es estática: se exige, se tiene que transformar, embellecer, presentar con un nuevo envoltorio, de otra manera, porque es el mercado el que lo pide.

Así pues, recordamos no solo que la historia ha sido fagocitada por la “trituradora” de la industria cultural, sino que hoy, esta misma industria está obsesionada por la productividad a ultranza. La rápida obsolescencia de todas las mercancías ha arrastrado en su vorágine incluso a la “mercancía” historia. Es este horizonte la frontera que delimita nuestro campo de actuación y debemos ser conscientes de ello. ¿Cuántos fenómenos de nuestro tiempo, acontecimientos incluso sorprendentes de la vida cotidiana encuentran justificación, en última instancia, en la máquina infernal en la que se ha convertido el llamado desarrollo, esto es, el capitalismo del crecimiento infinito de nuestros años? ¡Cuánta ceguera y habladuría en los comentarios prepotentes y ensordecedores de los periódicos y de la televisión, incapaces de dar una mirada a la caldera de la que proviene el borboteo que agita las cosas!

Dejo a un lado, por el momento, esta reflexión introductoria para intentar dar a la discusión una contribución de historiador contemporáneo, entreteniéndome con una cuestión que, en realidad, muchos de vosotros conoce, pero sobre la que creo que es útil volver y reflexionar ahora. Además, porque las contribuciones de los historiadores contemporáneos tienen menos peso en la economía del volumen que tratamos, aunque, hay que decirlo, los ensayos de los modernistas no dejen de asomarse al “hoy”, en la llamada dimensión del uso político de la historia en nuestros días. El ensayo de Marina Caffiero, por poner un ejemplo, está centrado, sobre todo en la primera parte, en estos aspectos.[8]

Todos vosotros sabéis que Italia ha sido el centro -y lo sigue siendo- de un importante proyecto de uso político de la historia con una ambiciosa finalidad estratégica. Se trata de un acontecimiento nacional que se enmarca plenamente en el esfuerzo constante, de dimensión europea, de volver a examinar las bases de legitimidad de las grandes transformaciones de la edad contemporánea: los cambios que van desde la Revolución francesa, a la Revolución de Octubre, hasta la Resistencia antifascista. En Italia el origen de este proyecto data de 1995 con el libreto/entrevista de Renzo De Felice, Rosso e nero.[9] Brevemente recordaré que la finalidad de este libro, y de las diferentes entrevistas sobre los mismos temas concedidas al Corriere della Sera y al Giornale, era dar legitimidad política a la derecha fascista, marginar y reducir el peso político y el aura cultural del Partido Comunista Italiano, mediante una nueva visión de la Resistencia y del papel de los partisanos en la guerra de liberación. La revisión historiográfica tenía por lo tanto, en el fondo, el proyecto no declarado de favorecer a través de una mutación del imaginario histórico y cultural de la opinión pública, una nueva estructura moderada de la sociedad italiana. Un intento de estabilización conservadora y de nuevos equilibrios de poder.

Creo que hoy se puede decir que los ideólogos de este proyecto consiguieron, en su intento, alcanzar el objetivo propuesto. Con toda la corresponsabilidad de la contraparte política que experimentaba el redimensionamiento y la denigración, que obviamente queda por establecer. Yo creo que esta última ha sido cuantiosa y ciertamente decisiva, pero estas son opiniones personales que aquí no han lugar. Aun así, no puedo terminar sin añadir otra consideración de tipo político-historiográfico. Estoy convencido de que la posibilidad de volver a crear un horizonte político menos desalentador que el actual pasa por una reconstrucción no superficial de los caminos que han llevado al levantamiento de este edificio revisionista. Sería hoy muy útil que algún historiador reconstruyera con sistematicidad los múltiples nexos, los pasajes, las tramas entre la manipulación de la historia nacional en los últimos treinta años y los sistemas moderados que se han ido afirmando y consolidando en la sociedad italiana.[10] Se podrían hacer descubrimientos interesantes, además de producir un tipo de historia en gran parte inédito: el que une el uso político del pasado y la lucha política, los ajustes programáticos de los partidos. E incluso el rol político, no siempre explícito y hasta encubierto y subterráneo que tuvieron los historiadores, podría ser desvelado gracias a una investigación no ocasional ni rapsódica. Y sobre este tema, en el texto que aquí presentamos, se recuerda un episodio interesante.

Corrado Vivanti, en su interesante ensayo dedicado a Machiavelli[11] (de quien también habla ampliamente Canfora) recuerda cómo Renzo De Felice -que sabía que Mussolini era el autor del ensayo introductorio, en 1983, del primer número de la revista La difesa della razza-, calló y mantuvo en secreto el hecho. Él poseía este escrito anónimo y estaba al corriente de las infamias que contenía, que arrojaban una nueva y triste luz sobre el jefe del fascismo, y no lo reveló. Un silencio, comenta Vivanti, que representa una “violación de nuestra profesión” e incluso una “falsificación histórica”.[12] Pero evidentemente el hecho turbaba no tanto la conciencia de De Felice, en calidad de historiador, como las precarias coherencias de sus intendentes políticos. Pequeño, pero sustancialmente clamoroso ejemplo del venir a menos de aquella prohibición intelectual que transforma lo histórico en militante de una facción política. Dignísimo rol, este último, si es bien entendido; menos digno si queda subordinado y tergiversa la verdad histórica con fines impropios y parciales.

Recuerdo también aquí el caso, conocido por todos, de otro historiador cuya figura reviste un cierto grado de ambigüedad y ambivalencia que no se encuentra en De Felice.

Ernesto Galli della Loggia -historiador y periodista, y también incansable productor de continuas noticias para el periódico en el que colabora, el Corriere della Sera, obsesionado “por su profesión” en analizar la Historia- escribió en 1996 La muerte de la patria[13]: uno de los más ideológicos y burdos intentos de socavar los fundamentos del Estado republicano. Se trata de un diseño que posteriormente fue perseguido durante mucho tiempo por las mismas razones que habían inspirado a De Felice.

A este respecto, quiero recordar un testimonio personal de un libro menos conocido que el que acabo de citar: se trata de un texto de varios autores titulado Miti e storia dell’Italia unita, publicado por il Mulino en 1999.[14] A saber: en este volumen de poco más de 200 páginas se reconstruyen veintisiete “mitos” que en Italia habrían oscurecido las mentes de los contemporáneos en los cinco decenios de la segunda mitad del siglo XX. Entre estos mitos figura el de la “programación económica” de los años sesenta, el mito de las llamadas “reformas de estructura” de togliattiana memoria, del “bandolerismo”, del “fascismo y gran capital” (sic!). Además, en la introducción de Ernesto Galli della Loggia y Giovanni Belardelle, está presente la explícita declaración de que el punto de mira y el objetivo de esta atención crítica son, en su opinión, los creadores de estos “mitos” historiográficos que han ensombrecido la lucha política en Italia, esto es, los políticos de la izquierda; estudiosos e intelectuales que naturalmente se prepararon para el engaño, para la fabricación de estas nubes ofuscantes, de estos cuentos que hicieron circular con protervia para manipular a las masas. Entre los mitos evocados por Galli della Loggia -que se presenta con desenvoltura periodística, hay que decirlo, como historiador del “bandolerismo”- está la hipotética relación entre el “bandolerismo” (y el mundo campesino como mundo de los “bandoleros”) y la política del Partido Comunista Italiano que habría alimentado el mito del “bandolero” como campesino rebelde contra el orden establecido y, por lo tanto, prototipo del revolucionario moderno. El mayor partido de la izquierda y la izquierda en general habrían utilizado, en este sentido, el mito del “bandolero” italiano para cautivar a las masas, seducir a los jóvenes con fantasías revolucionarias y alimentar rebeliones violentas.

Es evidente que se trata de invenciones absolutamente risibles que cualquier tribunal de oposiciones rechazaría con grave descrédito del torpe candidato. Todo el mundo sabe, al menos entre los historiadores contemporáneos, que el enraizamiento de la izquierda, del PSI -posteriormente Partido Comunista- se inició en las regiones de la Italia padana, marcada por la presencia de vastas masas de temporeros, y en la Italia central, dominada por aparceros. Y aquí, al menos a partir de la Italia unida, el “bandolerismo” no ha existido nunca. Quien conoce la historia de la segunda postguerra y del esfuerzo en las campañas del PCI y de la Federterra*, incluso en el Sur, sabe bien que se trató de un esfuerzo dirigido a contener las posibles jacqueries campesinas y a encuadrar las masas dispersas y aisladas del campo en organismos sindicales modernos y disciplinados. Al intentar dar cuenta de la elaboración de tal mito, el autor no consigue citar ni un solo texto de un historiador comunista que no haya intentado reconstruir un nexo de continuidad entre el “bandolerismo” del sur (fenómeno este, de rebelión ambigua y no siempre de tendencia progresista) con la política del Partido Comunista en el campo italiano[15].

De cualquier modo, el ensayo más revelador de las intenciones políticas de Galli della Loggia es el dedicado a confutar lo que él mismo define como “el mito de la Constitución”. El autor sostiene que la acción del PCI en la lucha contra la DC (Democracia Cristiana) por no haber aplicado la constitución había sido instrumentalizada porque, en realidad, la DC tenía el derecho de ser moderada y de defender la Constitución. De este modo, Galli della Loggia, de manera claramente ingenua, critica la defensa que la izquierda de entonces hizo de los -cito textualmente- “contenidos solidario-estatales”[16] de la primera parte de la Constitución. Estos principios, sostiene el autor, habrían sido ya rebatidos por la llegada a la escena política italiana, en aquellos años, de una fuerza política “liberal-liberista” -así la llama- que apareció finalmente en el horizonte de la vida política nacional: esto es, Forza Italia. Ni más ni menos. Il cavalier Berlusconi que avanza sobre un caballo blanco y viene a liberarnos y a hacernos más modernos a todos. Este es realmente un pasaje de antología en el que se puede admirar cómo el revisionismo, instrumento moderno del consumismo cultural, se acerca cándidamente a la propaganda política. Pero, continúa el autor, aquellos contenidos de la Constitución aparecen ahora envejecidos a la luz de la orientación -cito de nuevo- “política e ideológica que desde hace tiempo prevalece en muchos países occidentales empezando por Estados Unidos y Gran Bretaña”[17], esto es, el neoliberalismo. La Constitución Italiana, por tanto, queda afectada de “obsolescencia ideológico-cultural”; en conclusión, es ya como un hierro viejo porque mientras tanto había surgido una ideología lustrosa y brillante, nuevo nuncio de los cielos que hace parecer arcaico y anacrónico todo lo que ha tenido relación con las tradiciones solidarias de la izquierda. Con tan altos argumentos, naturalmente, la Constitución, esto es, la historia viviente de Italia, se convierte en un mito viejo y decadente, mientras que la ideología liberista sobre la que hoy se grava la responsabilidad y la ignominia de la más grave crisis económica de los últimos cincuenta años, representa la verdad finalmente revelada y desvelada.

Se pregunta, entonces, Caffiero en su ensayo: la historia seria, la que se basa en la investigación, ¿cómo puede responder a estos retos? Yo estoy de acuerdo con lo afirmado por ese maestro de estudios históricos llamado Canfora: nosotros no tenemos más posibilidad que “jugárnosla en la Polis”, es decir, luchar en la arena pública para afirmar las verdades y las razones de la seria y fundamentada investigación histórica. Porque la historia (que, lo sabemos, siempre es historia contemporánea e impone revisitar continuamente el pasado para responder a las necesidades espirituales y cognoscitivas presentes) no nos da las verdades de la Física o de la Química, aunque estas mismas verdades estén, en definitiva, “sujetas a la historia”, en cuanto que resultan “falsificables” a lo largo del tiempo. ¿Cuántas verdades de la ciencia han quedado obsoletas? Sin embargo, esta es justamente la fuerza y la belleza de la verdad histórica: que es una verdad discutible, una verdad que continuamente se pone en entredicho.[18] Por otra parte es cierto que la verdad histórica debe quedar necesariamente anclada a certezas básicas. Sus narraciones, discutibles cuanto se quiera, necesitan estar ligadas a principios, a valores, a hechos no sujetos a las asperezas cambiantes de la polémica política. La toma de conciencia de que la verdad histórica obliga continuamente al diálogo y a la discusión, de que no se deposita en una patente una vez en la vida, no tiene que hacer que corramos el riesgo de caer en un relativismo absoluto. Si esto pasara, podríamos llegar a la paradoja -por poner un ejemplo adecuado a nuestro caso por tantas razones- de tener que aceptar que los partisanos y los repubblicchini** están en el misno nivel en cuanto a evaluación histórica y al juicio moral, porque ambos se comprometieron, con una sincera fe política, a perseguir ideales desinteresados aunque contrarios. Y también porque quedaron ennoblecidos por el sacrificio de la vida. Aparece aquí evidente cuál es el límite hasta el que se puede forzar la “discutibilidad” de la historia.

Yo creo, por tanto, que, siendo realistas, la posibilidad de arrojar luz y hacer prevalecer las verdades discutibles de la historia, depende, en última lugar, de la fuerza de las instancias culturales y científicas que un país posee. Cada sociedad tiene que poseer una comunidad científica, preparada, fuerte y prestigiosa.

El “caso Toaff” que retorna continuamente en el volumen Vero e falso ha sido en este sentido emblemático y ha evidenciado, tras las fuertes críticas lanzadas al libro desde el principio, una significativa capacidad de reacción de la historiografía italiana. Esta ha revolucionado toda la opinión pública nacional. Es verdad que esto no sucede con todas las obras pero una comunidad científica con sus revistas, sus instituciones y sus organismos es perfectamente capaz de contener las mentiras y las manipulaciones de los datos históricos.

Ciertamente, en los últimos tiempos, los historiadores, sobre todo en Italia, lo tenemos objetivamente difícil, estamos a la defensiva. Y sin embargo creo que no hay otra vía posible si no es esta: crear instancias de autoridad cultural que intervengan, que juzguen, que guarden la memoria de forma alta y documentada. No es precisamente recomendable una verdad histórica defendida por el poder público.

Y justo por eso -y perdonad si concluyo con esta observación que nos une inmediatamente a la crónica de nuestros días- nosotros tenemos una necesidad ineludible de universidades públicas, de lugares de formación y transmisión de la cultura no subordinados a intereses particulares. Imaginad qué podría pasarle a la historia en Italia si nuestras universidades se privatizaran. Nosotros tenemos la necesidad vital de que los estudiosos sean autónomos e independientes del poder económico, en primer lugar, pero también del poder político. Y es en la libertad de la comunidad científica en la que se basa la posibilidad de tener la verdad histórica en la que creemos.

Naturalmente, el otro gran aspecto del problema, al que ni siquiera he aludido, es el espacio de comunicación y de información del que disponen los historiadores que investigan y no son periodistas. La cuestión, obviamente, está íntimamente ligada a la calidad de la democracia de que un país dispone. La posibilidad de tener voz, por parte de los ciudadanos, tiene mucho que ver con la posibilidad de los historiadores de defender las verdades provenientes de la investigación. Y es revelador hoy descubrir en Italia el nexo, ya evidente, entre la caída de la democracia y las incursiones manipuladoras llevadas a cabo en nuestro pasado. Es este un grave y gran problema al que probablemente solo la red y la comunicación a través de internet pueden ofrecer una solución importante hoy en día, y que ha de ser enteramente explorada y experimentada.

 

Traducción de María Antonia Blat Mir

 


 [1] A partir de ahora, para las referencias a Luciano Canfora se remite a la contribución del autor presentada en esta misma sección de la revista: L. Canfora, ‘Lo storico nella polis’, Giornale di storia on-line, 19/05/2009, disponible en http://www.giornaledistoria.net

 [2] M. G. Pastura, Le fonti, come e perchè, en M. Caffiero y M. Procaccia (eds.), Vero e falso. L’uso politico della storia, Donzelli, Roma, 2008, pp. 27-40.

 [3] S. Mazzarino, Il pensiero storico classico, Laterza, Bari, 1966, vol. II, t. I, pp. 141 y ss.

 [4] H. Arendt, La menzogna in politica. Riflessioni sui Pentagon Papers (1972), Marietti, Génova-Milán, 2006. [El ensayo, publicado en 1971 en The New York Review of Books, se encuentra en castellano en Crisis de la república, Taurus, Madrid, 1998. Las páginas señaladas en las siguientes notas hacen referencia a la edición italiana (N. de t.)]

 [5] Íbid., p. 9.

 [6] Íbid., p. 17.

 [7] A. Del Col, La divulgazione della storia inquisitoriale tra approssimazione e serietà professionale, en M. Caffiero y M. Procaccia (eds.), Vero e falso..., op. cit., pp. 83-102.

 [8] M. Caffiero, Libertà di ricerca, responsabilità dello storico e funzione dei media, en M. Caffiero y M.

Procaccia (eds.), Vero e falso..., op.cit., pp. 3-26.

 [9] R. De Felice, Rosso e nero, P. Chessa (ed.), Milán, Baldini & Castoldi 1995. (trad. cast.: R. De Felice, Rojo y negro, trad. Juana Bignozzi, Barcelona, Ariel, 1996)

 [10] Recuerdo aquí las contribuciones en este sentido proporcionadas a la prensa nacional por Angelo D’Orsi y Sergio Luzzatto, este último las ha recogido recientemente en el volumen Il Sangue d’Italia. Interventi sulla storia del Novecento, Manifestolibri, Roma, 2008.

 [11] C. Vivanti, L’autografo e l’interpretazione di un testo. Considerazioni sui Ghiribizzi di Machiavelli, en M.Caffiero y M. Procaccia (eds.), Vero e falso..., op.cit., pp. 43-62.

 [12] Íbid., p. 47.

 [13] E. Galli della Loggia, La morte della patria. La crisi dell’idea di nazione tra Resistenza, antifascismo e Repubblica, Laterza, Roma-Bari, 1996.

14 G. Belardelli et al., Miti e storia dell’Italia unita, Bolonia, Il Mulino, 1999.

 [15] Cfr. P. Bevilacqua, ‘Miti, contromiti e vecchi merletti. Sulle malattie infantili della storiografia politica Italiana’, Meridiana, n. 33, 1998, pp. 217-241.

 [16] G. Belardelli et al., Miti e storia dell’Italia unita, op.cit., p. 198.

 [17] Ibidem.

* Siglas de la Federazione nazionale fra i lavoratori della terra, la organización sindical fundada en Bolonia en 1901. Tras la guerra cambió el nombre por el de Confederterra, y se adhirió al Cgil. (N.de t.)

 [18] Permitan que remita a mi trabajo Sull’utilità della storia. Per l’avvenire delle nostre scuole, Donzelli editore, Roma, 1997, pp. 115 y ss.

** Fascistas seguidores de Mussolini durante la breve República Social Italiana.

 

Viernes, 08 Noviembre 2013 14:10

De la Rovere: impostura y heroísmo

MONTANELLI El general de la Rovere

INDRO MONTANELLI, El general de la Rovere, trad. Domingo Pruna, Confluencias, Almería, 2013, 110 pp. ISBN: 978-84-940669-8-6

Para los amantes del cine y la literatura el nombre de Fortebraccio della Rovere está indisolublemente ligado a la magistral interpretación que en 1959 hizo de él Vittorio de Sica en la película de Roberto Rossellini El general de la Rovere. El interesante contexto en que se desarrolla la historia, los trágicos últimos meses de la ocupación nazi de Italia, y la inquietante ambigüedad que rodea al polémico personaje Bertone-Rovere, fueron sin duda el marco perfecto para el encuentro de estos dos grandes personajes del cine italiano del siglo XX en una obra que reunía, al mismo tiempo, dos de sus grandes intereses: el deseo de dar testimonio de la cruda situación en que quedaron los italianos tras el Armisticio de Cassibile el 8 de septiembre de 1943 (bastará recordar Roma, città aperta o Paisà, de Rossellini) y la cuidada observación de la complejidad del ser humano y sus sentimientos en momentos en los que este se ve rodeado de circunstancias adversas (v. gr. Umberto D., Ladri di biciclette, o Sciuscià, de De Sica).

Tomando ambos elementos, Montanelli supo reunir en esta breve novela (en realidad, una novelización de su propio guion cinematográfico) lo mejor de ambas temáticas logrando, como también hicieran Rossellini y De Sica, no caer en los dos peligros que cada una representaba, esto es, ofrecer una muestra de novela comprometida sin ceder ante ciertos maniqueísmos propagandísticos, al tiempo que esbozar perfiles humanos complejos sin recurrir a fáciles y huecas sensiblerías.

Si a ello se añade el componente autobiográfico con que Montanelli adornó la narración tomando como punto de partida su propia experiencia en la prisión de San Vittore (donde entre febrero y julio de 1944, justo antes de escapar de un seguro fusilamiento, pudo conocer las condiciones de los combatientes apresados por los nazis así como al protagonista mismo, Giovanni Bertone) el interés por esta obra está más que justificado.

Estos datos bastarían, en definitiva, para considerar El general de la Rovere como uno de los muchos ejemplos tanto de la calidad de la literatura y el cine italianos de finales de los cincuenta, como de la prosa directa y certera de Indro Montanelli (1909-2001), un prolífico escritor, historiador y periodista cuya variada obra se ha visto lamentablemente limitada entre nosotros a la constante reedición de sus célebres textos sobre la historia de Grecia y Roma.

Ejemplo de ello es que la única traducción de El general de la Rovere, la realizada por Domingo Pruna para Plaza & Janés en los sesenta, ha estado descatalogada desde hace décadas. Es por tanto de agradecer que la interesante editorial Confluencias haya decidido retomarla y revisarla para ofrecernos esta pequeña joya en una sencilla y agradable edición dentro de su colección Apeninos, donde hasta la fecha se han publicado también dos relevantes obras del dibujante Hugo Pratt y el texto del espectáculo Mi Dante, de Roberto Benigni.

Por lo demás, si la historia del estafador Giovanni Bertone, quien, presionado por los nazis, se hace pasar por el General de la Rovere con la intención de descubrir dentro de la cárcel al jefe de una célula partisana, es cierta o no, no parece demasiado relevante. De lo que no cabe duda es de que el relato, centrado en la progresiva conversión del personaje de estafador a traidor para, finalmente, morir fusilado en Fossoli a finales de 1944 como presunto héroe, sigue generando un marcado interés más allá de la veracidad o no de la historia. Como el mismo Montanelli señalaba en la advertencia inicial de la obra, "¿fue verdaderamente un traidor Bertone de la Rovere? No lo sé. Sé solamente que cayó como aquellos que no lo eran. Y sé también que Jesucristo no se sintió ofendido por la vecindad de Barrabás. Como fuere, yo no me propongo juzgar a ese polivalente e inquietante personaje, quien acaso tampoco supo dónde y cómo cesó de ser un aventurero para convertiré en héroe".

En este sentido, si el relato sigue atrayendo, es sin duda por la destreza con que se retratan los personajes y por la hondura humana con que se plasman sus relaciones, destacando especialmente la establecida entre el falso Rovere y Müller, el coronel alemán encargado de introducir y manipular a Bertone-Rovere dentro de la cárcel, así como por ser un interesantísimo punto de partida en torno a la reflexión sobre la conducta humana en situaciones extremas en las que el honor, el valor y la entrega a unos ideales acaban por dar sentido a una existencia hasta entonces oscura y mezquina.

La brevedad del texto, apenas un centenar de páginas, ayuda a condensar una narración llena de detalles en la que la intensidad va aumentando de forma creciente según avanzan las páginas sin necesidad de escenas de relleno, ni descripciones superfluas. Todo aquí es significativo, como también lo es la galería de personajes, todos totalmente creíbles, que desfilan por la historia. Porque no se trata tan solo de una cuestión de realismo (o mejor de neorrealismo), sino de la capacidad de transmitir unos caracteres de forma convincente y directa sin caer en estereotipos y sin rehuir la complejidad de los personajes.

Es esta una escuela, no cabe duda, en la que los narradores y directores italianos de posguerra fueron y siguen siendo unos maestros. Esta necesaria reedición de El general de la Rovere es, sin ir más lejos, un buen ejemplo de ello.

Juan Pérez Andrés

 

Lunes, 11 Noviembre 2013 12:49

Beppe Fenoglio, Un día de fuego

FENOGLIO Un dia de fuego
 
BEPPE FENOGLIO, Un día de fuego, trad. Pepa Linares, Sajalín, Barcelona, 2013, 668 pp. ISBN: 978-84-940627-9-7 
 
La breve vida de Giuseppe "Beppe" Fenoglio (Alba, 1922 – Turín, 1963) quedó marcada por dos rasgos prácticamente indisociables en su persona: su temprana pasión por la literatura y su marcado compromiso testimonial nacido cuando, tras una breve instrucción militar y la posterior desbandada del ejército que siguió al 8 de septiembre de 1943, pasó a engrosar las filas de diferentes grupos partisanos. Este hecho marcó significativamente la temática de gran parte de sus obras, en muchos casos ambientadas en su paso por las formación "roja" de las Brigadas Garibaldi y, más tarde, por los "badogliani" del 1º Gruppo Divisioni Alpine y la 2ª Divisione Langhe comandada por Piero Balbo.

Acabada la guerra, Fenoglio inicia en 1949 una fulgurante carrera literaria con la publicación de su primer cuento, Il trucco, recibiendo su producción al año siguiente un nuevo impulso al entrar en contacto con el importantísimo grupo de autores reunidos alrededor de la editorial Einaudi. Será el momento en que dé a luz títulos tan relevantes en el contexto de la narrativa italiana de posguerra como Racconti della guerra civile, La paga del sabato, I ventitré giorni della città di Alba o Primavera di belleza. Por desgracia, a finales de 1959 se le diagnostica una grave enfermedad respiratoria que se complicará a lo largo de los tres años siguientes causándole la muerte en febrero de 1963. Gran parte de su interesante labor inédita sería publicada póstumamente.

Gracias a la editorial Sajalín y a la estupenda labor de la traductora Pepa Linares, de toda esta producción, en gran parte inédita hasta el momento entre nosotros, se puede disfrutar ahora en castellano de dos de sus obras más significativas: por un lado, su gran novela póstuma El partisano Johnny, sin duda una de las mejores novelas sobre el movimiento partisano italiano a finales de la Segunda Guerra Mundial; por otro, Un día de fuego, título que reúne el medio centenar de cuentos escritos por Fenoglio, un género en el que el autor piamontés demostró sus tremendas dotes de narrador y que le valió erigirse como una de las grandes voces de su generación.

   

Utilizamos cookies para facilitar el uso de nuestra página web. Las cookies son pequeños ficheros de texto que su navegador almacena en el disco duro de su ordenador y que son necesarias para utilizar nuestra página web. Las utilizamos para entender mejor la manera en la que se usa nuestra página web y de esta manera poder mejorar consecuentemente el proceso de navegación. Las cookies son el referente que nos indica, por ejemplo, si una página de nuestra web ha sido vista con anterioridad, o si su visita es nueva o recurrente. Las cookies que utilizamos no almacenan datos personal alguno, ni ningún tipo de información que pueda identificarle. En caso de no querer recibir cookies, por favor configure su navegador de Internet para que las borre del disco duro de su ordenador, las bloquee o le avise en caso de instalación de las mismas.